Pues ya estamos aquí de nuevo, han pasado dos semanas de la última carrera: Mitja Marató Tarragona 2015.

Tenía unas ganas enormes. Desde que crucé la meta en Tarragona, se empezó a poner entre ceja y ceja mejorar mi marca en Salou. La motivación era enorme y sabía que las piernas podían con ello. Sin embargo, tenía mis dudas. Y esas dudas desaparecieron del todo cuando Rubén me dijo que se apuntaba, y que me llevaría hasta la meta por debajo del 1:40h. Si él lo decía era verdad, sí o sí.

Esta mañana tras desayunar bien he ido hasta Salou, donde me he encontrado nada más llegar con David Balañà y Pep. Hemos ido a recoger los dorsales y estando allí ha llegado Carlos con Alba y también Rubén. Los nervios estaban a flor de piel. Carlos debutaba en media maratón, aunque personalmente sabía que estaba más que capacitado para hacer un carrerón, como así ha sido. A falta de 10 minutos para empezar nos hemos encontrado con Raul, y a partir de allí ya, cada uno a lo suyo.

Raul ha ido siguiendo la liebre de 1:24, Carlos, David, Rubén y yo hemos salido a aguantar la de 1:40 y Pep la de 1:50.

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La salida ha ido bastante bien, intentando encontrar el hueco para pasar entre tanta gente e intentando encontrar el ritmo apropiado para toda la carrera, 4:44 min/km era el límite para llegar al objetivo. Rubén lo tenía claro, ritmo constante, ni apretar ni aflojar, regularidad. Y así ha sido, desde el primer momento hemos cogido el ritmo, y los 4 hemos aguantado realmente bien. Iban pasando los km y conseguíamos recortar un poco de tiempo con la liebre, que había salido algo antes que nosotros. En cuanto hemos conseguido colocarnos en el pelotón, nos hemos mantenido, aguantando el ritmo.Continúa leyendo

¡Volvemos a estar aquí! Nueva temporada, que ya desde la primera cita promete ser apasionante. Me supo mal no poder escribir esto la semana pasada, en la que tenía que haber estado en la línea de salida de la Marxa Dels Roures y que finalmente no pude realizar por culpa de un catarro tocajones muy molesto.Tras haberme recuperado bien y después de entrenar a conciencia durante toda la semana, se presentaba la primera gran cita de la temporada: La Mitja Marató de Tarragona. Para mí era algo diferente, ya que en las dos últimas ediciones había participado en la modalidad de 10k, siendo, junto a Salou, una de las carreras que más he disfrutado anteriormente y tenía ganas de debutar en la media distancia aquí con un buen sabor de boca.

Las ganas que tenía eran enormes y la motivación mayor aún. Tenía dudas sobre cómo iba a ir, ya que los últimos 21km que corrí fueron en marzo en la Mitja de Cambrils, y para entonces el crono fue mucho mejor que las sensaciones. Aún así, si le añadimos las ganas de estrenar EQUIPO USK TEAM (sí, con mayúsculas, de los que te contagian las ganas de competir, las ganas sufrir y las ganas de compartir, pero sobretodo las ganas de disfrutar, donde cada uno se siente especial. No un equipo de los que tiene cientos de miembros, pero sí un GRAN EQUIPO), las ansias por que llegara el domingo eran incalculables.

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El día transcurrió como un día normal de carrera. Me levanté a las 7 para desayunar con tiempo de digerirlo todo y salir sin la sensación de pesadez que en alguna ocasión he sufrido y que tan desagradable se hace. A las 9 en punto estaba ya con el coche aparcado y habíamos quedado el equipo para repartir las camisetas a los que todavía no la tenían y hacer la primera foto oficial. Allí conocí a Carles y Francesca, que casualmente también estuvieron en Balaguer pero debido al tiempo que tardé para terminar la prueba no pude llegar a conocer porque se habían tenido que ir (ya era tarde de verdad…).

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Ya hace dos semanas desde que (disculpadme el spoiler) crucé la meta en Balaguer. Y todavía hoy me sigo asombrando de mi mismo. No me refiero a un asombro prepotente, y pronto veréis que efectivamente no es así, si no a un asombro real, de cuando algo inexplicable e inesperado se presenta ante ti y sin saber por qué te aferras a ello sin encontrar motivo alguno.

Hace dos semanas aprendí mucho, no sólo deportivamente hablando. Pero para que me comprendáis, os empezaré a contar todo lo que pasó.

El sábado 29 de agosto me levanté por la mañana, no muy temprano dado que la prueba era vespertina, y junto con mi familia me puse rumbo a Balaguer. Hacia las 11:45 llegábamos y me encontraba con Ruben, que también participó en el Half. Una vez recogimos dorsales y gorros de natación, nos dirigimos a la salida de la prueba, en un lago situado a unos 10 km de Balaguer. Era la primera vez que competía con las dos transiciones separadas, y era algo que me ponía un poco nervioso. Sin embargo poco duraron los nervios teniendo a Ruben al lado despejando toda duda que tenía. Tras parar para comer, nos dirigimos a montar la primera transición, a falta, más o menos, de una hora para la salida. En ese momento me di cuenta de que no me habían dado el chip, y no tuve más remedio que volver a Balaguer a buscarlo, con lo que perdí prácticamente media hora. El tiempo suficiente para llegar, ponerme el neopreno y meterme en el agua. Nunca antes había nadado en agua dulce, y la sensación fue más bien rara. Echaba incluso de menos el sabor salado del agua del mar. A pesar de ello, me encontré cómodo rápidamente y a los pocos minutos se dio la salida del Half de Balaguer.

Comencé intentando seguir los pies de Ruben, que poco a poco y sumando los participantes que no hacían el nado algo cómodo fui perdiendo. El circuito constaba de dos vueltas a un rectángulo. Al principio me pareció que aquello era muy largo, pero a medida que iba dando brazadas, la sensación era de que iba bien, rápido y los metros pasaban a buen ritmo. Intenté colocarme tras otros pies que encontré y a cosa no fue mal. Al final salí del agua en unos 42 minutos, bastante más de lo que me habría gustado, pero dada la gente que tenía todavía por detrás y lo duro que venía por delante, no me desesperé, sabía que aquel día iba a ser largo. Me quité el neopreno, y sin demasiada prisa me preparé para salir en bicicleta.

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Sabía que el sector ciclista iba a ser duro, me lo habían comentado e iba mentalmente preparado para sufrir, pero creo que las previsiones no fueron suficientes. Me lo tomé como un paseo de 90 km, no podía sobrepasar los límites y acabar pagándolo después en la carrera a pie. Así que rodando bien en los llanos y con el molinillo en las pendientes, fui perdiendo posiciones sin importarme demasiado con la cabeza pensando en las grandes subidas que me esperaban. Poco a poco, me atrevería a decir que demasiado poco a poco, los km fueron pasando y cada vez me acercaba más a la mitad del circuito, iba tomando los geles y barritas correspondientes, y no me adelantaban muchos participantes (tal vez no quedaran muchos ya tras de mi). Tras subir y bajar dos veces el Port d’Àger me encontré con Ruben, a lo que me extrañé por verlo tan atrás. Al parecer él llevaba 20 km más que yo, y es que un poco más adelante se desviaba la carretera para hacer una vuelta de 20 km. Tras desearle ánimos de cara al final de carrera y perderlo de vista empezó el verdadero sufrimiento. El sol estaba cada vez más bajo, la sombra cubría lo que hacía unas horas estaba bañado por la luz del sol, y todavía me esperaban algunas rampas imposibles. Me costó mucho no subir excesivamente las pulsaciones y mantenerlas dentro del rango objetivo. Así que casi sin ver a ningún otro corredor, y con el sol casi a punto de desaparecer llegué a la T2, solté la bicicleta y casi 4 horas y media después, volví a poner los pies en el suelo.

La segunda transición fue dura, no me sentía muy bien físicamente. El cansancio estaba dejando sus mensajes y no tenía ninguna idea de cómo iban a reaccionas las piernas y la mente a los 21 km de carrera a pie que restaban por delante. Tenía la esperanza de que la historia cambiase un poco, de sentirme cómodo corriendo, y de ser capaz de encontrar un ritmo que me permitiera cubrir la distancia en 2 horas o algo menos. Pero nada más lejos de la realidad. Salí de boxes con ganas, ilusionado, e intentando controlar el ritmo que él sólo pretendía ser demasiado rápido. Aguanté bien cerca de 2 km, a un ritmo que me sorprendió. Pero a partir de entonces y hasta el 5-6 las piernas dijeron basta y las cosas se ponían feas. Los segundos se iban sumando a mi ritmo actual, y me parecía demasiado pronto para ello, todavía faltaba mucho y de ser así como tenía que sobrellevar lo que quedaba de carrera lo iba a pasar mal.

Como cabía esperar la cosa no fue a mejor, a los pocos km entré de lleno en los 6 minutos/km y la necesidad de parar a andar durante unos metros se agigantaba. Una vez pasada la primera vuelta, y ya prácticamente de noche, se hundió lo único que faltaba por hundirse. La cabeza. Todavía faltaban algo más de 2, y se hacían muy largas, en la mente cada vuelta representaba un sobreesfuerzo monumental, inalcanzable, y fue entonces cuando me puse a negociar. Llevaba ya más de 6 horas de carrera, había llegado hasta allí, pero si en ese preciso momento me rendía, si en ese preciso momento decía basta, esas 6 horas no habrían servido para nada. Es más, en lugar de quedar el resultado neutro, hubiera acabado debiendo. Era consciente de que Balaguer me estaba a punto de ganar, no estaba preparado para todo aquello, y si abandonaba iba a significar una gran espina que se quedaría clavada. Una espina que debería volver para quitarme. Y no estaba dispuesto a volver a ese infierno, después de todo lo que había sufrido ya sólo faltaba correr un poco más y terminar, como fuera, pero terminar. Y así fue, poco a poco, fueron pasando las vueltas, me iba quedando sólo, y la noche era cada vez más y más oscura.

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Finalmente, y tras 7:42h de sufrimiento extremo logré llegar a meta, en penúltima posición. Jamás una posición tan mala había tenido un sabor tan bueno. El último llegó apenas 20 segundos más tarde. Pero los que no llegaron… Esos fueron muchos. Exactamente 43 participantes de 226 que tomamos la salida, fueron los que abandonaron. No fueron capaces, por los motivos que fueran, de llegar a meta, y yo lo había conseguido.

Todavía hoy hay gente que pregunta qué sacamos de todo esto los participantes que sufrimos de esta manera para llegar los últimos. Hay gente que no lo entiende, es incapaz de comprender como cruzamos el arco de meta con una sonrisa en la cara, llena de felicidad. Y lo más sorprendente es que todavía hoy, hay gente a la que escuchar que todo esto es por superación personal y orgullo propio se queden perplejos, como pensando: pues vaya recompensa tan insignificante. Personalmente no creo que haya muchas cosas en mi vida por ahora que me aporte tanta adrenalina, tanta felicidad y tanto orgullo propio que hacer esto. De vez en cuando pienso que hay gente, a la que le convendría encontrar algo así. Algo por lo que vale la pena vivir.

Después de todo, y ya tras unos días de reposo y recuperación, he cambiado mi punto de vista. Y alejando la idea de no volver jamás a Balaguer, se me empieza a acercar la de marcar Balaguer 2016 como el reto del año, la culminación de todo. Con ganas de hacer mucho mejor que hace dos semanas, y con ganas de disfrutar todavía más.

 

 

 

Una vez terminada esta primera semana sin rumbo puedo estar convencido de haber disfrutado de los entrenamientos como hacía tiempo que no lo hacía. Y es que con buena compañía siempre es mejor. Tras el principio de semana que os comenté en el anterior post, el viernes fuimos a nadar unos metros. Salieron cerca de 1300 metros, con unas series de 5 x 100 que salieron rondando los 1’50” (todo un reto para mi en la piscina), las piernas estaban todavía resentidas del entrenamiento del jueves, y fue muy buen para recuperar.

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Ayer sábado no podía tocar otra cosa que ruta en bicicleta. Salió una ruta preciosa, con subidas para fortalecer las piernas, bajadas para disfrutar y vistas increíbles. Aquí tenéis el track de la ruta de ayer, donde a pesar de todo el esfuerzo, lo más atractivo del recorrido fue la parada en Montral, donde nos pudimos deleitar con unas maravillosas magdalenas que tras unos cuantos quilómetros sabían a gloria.

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Una vez terminado el Triatló de Cambrils la cosa se calma y mucho, en el horizonte dejan de haber competiciones y la única que podría llegar a divisarse es el Half de Menorca en septiembre, así que ante la incertidumbre y sobretodo, para evitar empezar otra vez de cero ya pasado el verano, este año me he propuesto no bajar el ritmo o intentar minimizar las perdidas durante estos 2 o 3 meses.

IMG_4511Así que tras la competición del domingo pasado, esta semana toca descansar un poco y volver a coger ritmo.

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Una vez finalizado el Challenge Salou de hace un par de semanas me inscribí al III Triatló Cambrils que se llevó a cabo el pasado domingo día 14 de junio. Tenía muchas ganas de competir de nuevo en este evento. Fue el primer triatlón que realicé, y aunque el año pasado competí en sprint y este distancia olímpica, esta prueba ya tiene un significado mayor que algunas otras. Correr en “casa” siempre apetece, y si además me encuentro mejor físicamente que hace un año las cosas se ponen cuesta abajo. IMG_0603

El problema empezó el miércoles cuando empecé a arrastrar molestias en la pierna izquierda. Al principio pensé que me sería imposible competir, me dolía al subir escaleras y al soportar todo el peso. Sin embargo antes de hacer saltar las alarmas empecé a tomar antiinflamatorios i poner hielo y la verdad es que en 2 días mejoró mucho, me pude sentir mucho mejor y decidí enfrentarme a la prueba con todas las fuerzas, sin reservar nada y siendo consciente de que hasta dentro de unos meses no volveré a competir, con lo cual el único objetivo era disfrutar de cada momento en carrera.Continúa leyendo

Tras finalizar el Challenge Costa Daurada del día 31 (del cual podéis leer la crónica aquí), me decidí a inscribirme en el triatlón que lo fue todo para mi hace un año: El triatló de Cambrils. Dejando a un lado lo buena o mala que pudiera ser la organización, o lo bonito o feo que pudiera ser el circuito, esta prueba significó mi debut en el triatlón, y quería volver a disputarla de nuevo, esta vez en la modalidad olímpica, pero con absolutamente la misma esencia. Fue la misma tarde del Challenge de Salou cuando realicé la inscripción, y desde entonces el proceso ha sido de recuperación del desgaste del día 31 primordialmente.

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Y al final crucé la linea de meta. Y lo que costó…

Parecía que todo estaba hecho por la mañana antes de empezar, que los entrenamientos eran lo que de verdad contaba para terminar esa prueba o morir en el intento. Pero no era así, tras tanto tiempo entrenando todavía faltaba dejar constancia recorriendo esos 113 km y colgándome la medalla al final. Sé que ya os he hecho el spoiler de la historia, pero aún así os voy a contar cómo fue todo.IMG_4299

Se podría decir que la aventura empezó el sábado por la tarde. Salí de casa, con la bicicleta, las bolsas de transición, y todo lo que tenía que dejar en el box esa tarde. Mi hora para entrar era de 18 a 19 y con algo de tiempo me fui hacia Salou para llegar bien, aparcar y tomarme el tiempo necesario. Todo iba perfectamente hasta que, ya en Salou y buscando sitio para aparcar me vino a la cabeza el dorsal de la tija de la bicicleta. Efectivamente, no lo había puesto, y tampoco lo llevaba encima, así que no quedó otra que volver a casa a buscarlo y, de nuevo, salir hacia Salou. Terminé llegando a Salou cerca de las 19h, y gracias a que encontré sitio rápidamente me dio tiempo de entrar al check-in.

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Como los colores del parchís, o las estaciones del año, como los Beatles, o las Champions del Barça (por ahora). Cuatro son los días que faltan para el Challenge Salou del domingo.

Hoy he ido a visitar al fisioterapeuta, que me ha dejado las piernas nuevas y preparadas para la carrera. También me espera con una aguja para el próximo día, aunque todavía no sé cuando será. Por el momento me conformo con tener las piernas listas.

Esta tarde hemos ido de nuevo a nadar al mar, creo que por última vez ya antes de la carrera. Hoy la cosa ha ido mucho mejor, el mar estaba en mejores condiciones y hemos podido entrenar con más facilidad. Me siento bien nadando en aguas abiertas, siempre que no vayamos a alguna zona demasiado profunda. Espero que el domingo con tanta gente no me produzca tanto respeto.

Eso ha sido todo por hoy, mañana tocará entrenar un poco más y así podremos encarar el viernes y sábado de la mejor manera.