Crónica X Triatló Internacional Balaguer 2016

Llega con mucho tiempo de retraso pero finalmente he decidido ponerme al día con las crónicas de las últimas pruebas en las que he participado.

Una vez terminada la temporada y sin más carreras en el punto de mira, es buen momento para reflexionar sobre cómo ha ido el final de la temporada y analizar las cosas que salieron y las que no.

Antes de esto nos vamos a centrar en el X Triatló Internacional de Balaguer del día 27 de Agosto.

La prueba, como en la edición anterior, se llevó a cabo a finales de agosto, con unas temperaturas todavía muy altas y en condiciones bastante desfavorables para la práctica del triatlón. Además, este año la organización programó el inicio de la carrera para las 12h del mediodía, a diferencia del año pasado en el que dio comienzo a las 15h de la tarde.

El sábado por la mañana salimos de Reus dirigiéndonos a Balaguer bien temprano, donde nos encontraríamos con Rubén, Arancha e Iker que optaron por alojarse esa noche allí mismo.

Una vez todos juntos, fuimos a preparar el box de la t2 en el pabellón municipal de Balaguer, que sería el punto de encuentro del final de la prueba, albergando la t2, el paso de las vueltas del circuito a pié y el arco de meta.

Cuando tuvimos las zapatillas, los geles para correr y la visera preparadas nos fuimos ya para el pantano donde daría comienzo la prueba.

El calor era intenso y la hora de inicio significaba empezar a pedalear antes de las 13 y hacerlo durante las horas de más exposición.

Aún así, llegamos con tiempo a la zona, dejamos la bicicleta en la t1 sin ninguna prisa y nos pusimos el neopreno, ya acalorados.

Una vez despedidos de los familiares nos metimos en el agua, que como el año pasado estaba fresca y se agradecía enormemente.

A las 12 en punto dieron el pistoletazo de salida y enseguida nos pusimos a dar brazadas. Los primeros metros los compartí con Rubén, pero no tardé demasiado en perderlo de vista. Me concentré en seguir mi ritmo lo mejor posible. Gestionar el sector de natación siempre es difícil. Voy buscando los pies de alguien que vaya delante y trato de ahorrar todas las fuerzas posibles sin dejar de lado el buen ritmo.

Primera boya, segunda y encaramos el retorno de la primera vuelta. Para entonces las gafas se me empezaban a empañar y poco a poco veía con menos claridad. Aún así lo suficiente como para darme cuenta de que el cielo se estaba tapando poco a poco, y me tranquilizaba de cara al inicio del sector de ciclismo.

La primera vuelta estaba a punto de terminar y sólo tenía que recorrer el circuito una vez más. Siempre tengo la sensación de que la segunda vuelta es más rápida que la primera. Pienso en si hará mucho rato que Rubén ha salido del agua, en cómo le estará yendo sobre su cabra y me entretengo hasta llegar a la orilla donde dos voluntarios me pescan a toda velocidad y me sacan rápidamente. Venía de estar durante mucho rato nadando sin nadie delante, así que no tengo inconveniente en llegar hasta mi puesto en la transición.

En ese momento me empecé a agobiar porque no conseguía deshacerme el neopreno y estaba perdiendo algo de tiempo, tiraba de la cuerda de la cremallera hasta que de repente la arranco literalmente y veo que el neopreno sigue sin deshacerse.

Tengo que recurrir a un voluntario que me eche una mano a deshacerme el neopreno y entonces veo que lo que he arrancado es la cremallera del trimono. Sin embargo no hay problema, la cremallera no se baja y sigue en su sitio. Me coloco el casco, los calcetines y las zapatillas, me pongo las gafas y el dorsal y salgo pitando con la bicicleta.

Rubén ya había salido antes que yo (aunque después descubrí que nos llevamos muy poco tiempo), cosa que era evidente y me iría bien para tomar referencias en los puntos en los que nos cruzáramos en la bicicleta.

Los primeros kilómetros pasaron volando y aunque no servía de nada conocer el circuito del año anterior porqué lo cambiaron, el trazado se me hizo agradable. Sin darmecuenta me planté en los 10km. Ya había empezado a sudar. El cielo nos dio un respiro cubriéndose de nubes, y la verdad es que nos vino de perlas. El primer puertecillo lo tenía a tocar cuando vi a Rubén descendiendo. Poco después veo el punto de giro y todo lo subido hasta entonces se vuelve a mi favor, puedo recuperar algo bajando y lo iba a aprovechar. Adelanto a algunos participantes y de repente se me ocurre empezar a contar todos aquellos con los que me cruzo.

1, 2, 3… 24, 25, 26…53, 54, 55… Somos 3 corredores los que en ese momento vamos un poco más unidos tomando curva a izquierda y derecha, tocando el freno a 55 km/h. En una curva a izquierda noto que la bicicleta me subvira. Me quedo perplejo. Algo que nunca antes me había pasado. De seguida viene la otra curva a derecha y de nuevo soy incapaz de hacer girar la bici a la velocidad correspondiente. Reduzco la velocidad, miro las ruedas y me doy cuenta de que la delantera esta totalmente vacía.

Genial, un pinchazo en el peor momento. El cielo estaba perfecto, no hacía excesivo calor, iba perfecto bajando, delante de muchísima gente y mentalmente estaba fuerte.

Aún así, decido que lo mejor es tomárselo con calma y sin perder los nervios. En Salou aprendí que no es necesario ofuscarse antes de tiempo y más sin haber intentado una solución. Así que frené, me bajé de la bici y me puse a cambiar la cámara. Veía como pasaba todo el mundo mientras yo estaba allí parado y me esforzaba para evitar que eso me afectase.

Tras 10 minutos -no es que sea muy hábil con estas cosas- conseguí hacer el cambio y ya de paso les di la cámara pinchada a unos de la organización para no dejarla allí.

Tocaba reprender la marcha.

Llegados a ese punto volví a contar la gente que todavía estaba subiendo el puerto. El recuento terminó en 11. La rueda no llevaba la presión correspondiente y era más propensa a pinchar, así que las siguientes 3 horas iban a ser de sumo cuidado.

Intentando tomarme aquello como un simple parón seguí pedaleando. Rápidamente llegué al mismo punto de salida, por donde pasábamos antes de empezar el segundo puerto, y tras unos pocos km bastante rápidos empezaba lo duro de nuevo.

El riesgo de petar en la carrera a pie era alto, así que todo lo que pudiera ahorrar en la bicicleta iba a ser bienvenido. Bajé el ritmo y me tomé la ascensión con calma, el sol volvía a sumarse a la fiesta y el calor era cada vez más sofocante. Comía cuando tocaba e intentaba beber lo más frío posible.

Una vez llegado al km 44 coronaba el puerto y me esperaba un descenso hasta dar la vuelta para, entonces, subir por el lado contrario. Circuito de ida y vuelta, todo lo que se sube se baja… y al revés.

No iba mal de tiempo. Las cosas salían más o menos bien. Mientras yo empezaba a bajar, vi a Rubén terminando la subida y yo seguí bajando, bajando y bajando. Aquello no terminaba nunca, y como he dicho, lo que se baja, toca subirlo después. Eso me mató.

Di la vuelta al final del todo y aquí fue donde empezó lo duro. Las fuerzas ya no iban sobradas, así que con mucha calma tocaba subir casi 400m en 10km, lo que se me hizo extremadamente difícil.

Iba prácticamente sólo. Podía ver a otro participante delante de mi en las rectas, y a otro detrás de mi.

Sin demasiados cambios, aunque haciéndose eterno, llegué al final del puerto, donde ya había pasado antes. Aproveché para recargar bidones y para que me echaran una botella de agua fría por encima.

A partir de allí fue todo bajada hasta llegar prácticamente a los últimos 10km en los que encontramos algún repecho que nos terminó de agotar las pocas fuerzas que quedaban.

Por fin llegaba al pabellón donde se encontraba la t2. Justo antes de bajarme de la bici pude ver a Rubén empezando su segunda vuelta de carrera a pie.

Entré, me puse las zapatillas y empecé a correr.

Aunque lo de correr duró más bien poco. A penas había llegado al segundo km que las fuerzas ya no daban para más. Era un momento duro, quedaba prácticamente toda la carrera a pié y esa no era manera de hacerla, no estaba preparado para ello, y lo más inteligente era admitir que esta vez, Balaguer me había superado. Costó unos momentos, pero finalmente lo vi claro: tenía decidido retirarme. Fui andando un rato para terminar de asimilar ese fracaso. Apenas llevaba media vuelta. En ese momento apareció tras de mí un participante con el que había compartido algunos kilómetros de ciclismo. Se llamaba Miguel Angel. Él tampoco iba muy sobrado de fuerzas y, aún así, me convenció para intentar seguir con la carrera.

Lo único que pasaba por mi cabeza es que todavía quedaban cerca de 19 largos kilómetros. Sabía que se iban hacer muy largos.

Desde ese momento mi perspectiva de la carrera cambió radicalmente, la idea ya no era terminar en tiempo decente sino simplemente llegar a meta. Terminar la primera vuelta fue relativamente fácil, tenía ya unos 7km en el bolsillo y «sólo» quedaban otros 14.

En la segunda vuelta tomé los geles correspondientes e iba comiendo todo lo que podía en cada avituallamiento. Entre andar y trotar, Miguel Ángel y yo ibamos cubriendo metros poco a poco ya casi terminábanos la segunda vuelta.

Sin embargo lo mejor llegó al empezar la tercera. Apenas llevaba unos 400m cuando vi que Arancha «la mujer de Rubén», y mi padre se habían preparado para acompañarme en esos últimos 6km y pico. Junto a Miguel Ángel, poco a poco fuimos pasando por todos los avituallamientos, despidiéndonos de los voluntarios que todavía aguantaban.

Fue una sensación increíble poder compartir esos últimos metros con ellos. Consiguieron que todo pasara mucho más rápido y cuando me di cuenta estábamos llegando al pabellón. Miguel Ángel se había adelantado un poco, y quiso parar para esperarme. Creía que merecía cruzar la meta antes que yo por su perseverancia y por ser el culpable de que yo estuviera aún en carrera. ¡Se lo merecía!

Aunque sin duda lo mejor de todo fue convencer tanto a Arancha como a mi padre para que cruzaran conmigo ese arco de meta. Ese momento vale todo lo que cuesta. Incluso esas 7h38′ que tardé en completar la prueba.

Lo había vuelto a conseguir. El pulso con Balaguer había vuelto a ser feroz, con momentos buenos y momentos muy malos, pero por segunda vez consecutiva lo había ganado.

Las sensaciones fueron buenas, aunque me quedo con las ganas de volver a Balaguer para poder realizar una buena carrera. Quien sabe si será el 2017, 1 mes antes del Ironman, cuando finalmente salga una buena carrera en el Triatló internacional de Balaguer.

Dejo algunas fotos de la prueba por aquí.

¡Nos leemos pronto!

 

 

 

 

 

 

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