Crónica VI Sailfish Berga Triatló

Seguimos poniéndonos al día con las crónicas. Tras explicaros cómo fue mi experiencia en Balaguer, nos situamos ahora tres semanas después en verga dónde se disputaba el Sailfish Triatló Berga 2016.

Puesto que la prueba se disputaba el domingo por la mañana, nos dirigimos hacia allí el viernes. Sobre las dos del mediodía cogimos el coche y emprendimos el viaje, en el que íbamos a pasar previamente por Manresa, donde apenas unas semanas antes había adquirido mi MMR Blade. Necesitaba unos pequeños ajustes que rápidamente fueron solucionados. Una vez teníamos la bicicleta cargada de nuevo, seguimos hacia l’Espunyola, donde teníamos la casa en la que íbamos a pasar todo el fin de semana.

Este pueblo se situaba a apenas 15 minutos de Berga, lo que nos permitía estar tranquilos y cerca a la vez. A media tarde llegamos y nos encontramos con el dueño de la casa, éramos los primeros así que tocó esperar a Rubén, Arancha e Iker en primer lugar, y a David después. Tras habernos instalado, fuimos a comprar algunas cosas para poder cenar. Íbamos con el tiempo justo, y de hecho nos apagaron las luces del súper con nosotros dentro. Tras la compra y la cena, a descansar para el día siguiente.

 

Por la mañana, como todos los días previos a carrera, tocó hacer un pequeño entreno. Salimos a correr 30 minutos, en los que cubrimos apenas 5,2km. El ritmo fue bajo pero ideal para activar las piernas de cara a la carrera. Una vez duchados y listos nos dirigimos a Berga para recoger la bolsa del corredor y poder comprar la comida con más tranquilidad, encontramos a Judith, que se iba a medir al half de nuevo cosa que me alegraba mucho después de todos los problemas físicos que ha ido arrastrando. Hacia el mediodía volvimos a la casa, comimos y nos echamos una buena siesta. Todo descanso es poco. Por la tarde volvimos a Berga para preparar la T2 que se ubicaba en el Passeig de la Industria, justo donde se encontraba el arco de meta.

Tras montar la T2, fuimos al Pantà de la Baells donde la mañana siguiente nadaríamos los 1,9 km. Allí dejamos nuestras bicicletas, al lado de grandes como Victor del Corral, que también disputaría la prueba. La noche podía aportar algo de lluvia, y la verdad es que no íbamos preparado para ello, así que no hubo más remedio que dejar las bicicletas a la intemperie y rezar para que no lloviese. Ciertamente estaba nervioso, era la primera vez que la MMR iba a vivir un triatlón, y apenas llevaba 200km sobre ella, así que no tenía mucha certeza de cómo iba a responder. Había revisado mil veces el circuito de bici para decidirme por una o la otra, y finalmente le di la oportunidad a la cabra.

Con todas las transiciones listas, ya sólo quedaba volver a casa, cenar, e ir a descansar temprano para estar a tope por la mañana. De nuevo me encontraba en la noche antes de un half. Era la sexta vez, pero uno no llega nunca a acostumbrarse a esto. Intentas visualizar la carrera, quieres ser positivo y creer que te sentirás fuerte, aunque luego la prueba sea quien te ponga en tu sitio. Quieres que todo salga bien, que no surja ningún problema, pero cuanto más larga es, más probabilidades existen. No hay solución ni vuelta atrás. Toca dormir.

Por la mañana el despertador no sonó -o no lo escuché- y fueron Rubén y David los que me despertaron. Tras la anécdota, nos pusimos a desayunar, sin hacer mucho ruido, pues todos los demás estaban durmiendo todavía. Se dirigirían al pantano un poco más tarde para poder descansar más. Todavía no había salido el sol, y los tres estábamos en el coche camino al pantano.

Íbamos con tiempo, así que aparcamos y andando llegamos a la transición con las mochilas. Entramos al box para prepararlo todo, geles, bidones, cascos y gafas, lo montamos todo para ser lo más rápidos posible en la transición. Una vez fuera empezamos a ponernos los trajes de neopreno. Hacía bastante frío, y por lo que decía Rubén -que ya había participado en esa prueba anteriormente- el agua estaría caliente, así que lo mejor era meterse cuanto antes.

La verdad es que la escena era espectacular. El lago, muy vacío, desprendía constantemente un vapor que le daba un toque especial. Esperamos a mi madre y mi hermana para darles a ellas las mochilas y tras desearnos suerte, nos fuimos rampa abajo, hasta la entrada al agua.

Al meter los pies, confirmamos lo que esperábamos. El agua estaba realmente caliente. Tras haber nadado en Deltebre en un agua helada, eso era la gloria.

Había ya mucha gente en al agua, y apenas pudimos hacernos un espacio, salíamos desde la cola. Sim embargo, al sonar el disparo de salida, la cosa cambió mucho, empecé a encontrarme mucha gente, quizás mi ritmo de nado sea algo superior al de la media, lo que me lleva a realizar buenos sectores de natación. En los primeros metros fui siguiendo a Rubén e intenté controlar a David por detrás, pero enseguida le perdí de vista. Veía los pies de Rubén y me esforzaba por no perderlos. Íbamos adelantando participantes cuando de repente le perdí y me vi sólo. Tocaba remar en solitario. Sin embargo me sentía bien, seguía progresando y los metros iban cayendo uno tras otro. Lo único de lo que me puedo quejar es de mi sentido de la orientación en el agua. Entre mi nefasta orientación y la cantidad de vapor que se alzaba, era prácticamente imposible nadar en línea recta y encontrar una referencia a la que ir. Simplemente me dedicaba a seguir un poco al grupo de nadadores. Eso si, dando tumbos de un lado al otro y pasando a la gente por encima (tengo que mejorar ese aspecto).

El circuito era a una única vuelta, con lo que os podéis imaginar que era una vuelta bastante grande. De vez en cuando iba mirando el tiempo que llevaba y me parecía bastante bueno. En la última recta, podía ver la rampa que daba acceso a la transición. Era una rampa llena de gente que subía tras haber terminado sus 1900m de agua. Poco a poco me iba acercando y al final llegué. 34’15” en completar los 1,9km. El ritmo medio fue de 1’43″/100m, así que genial. Todavía no he logrado bajar de los 30 minutos en el sector de natación de un half, pero algún día lo conseguiré.

Tras salir del agua, empecé a subir la cuesta que te llevaba a la T1, en ella había un pequeño avituallamiento de agua para saciar la sed. La verdad es que tenía tanto frío que pasé un poco y no hice uso de él. Quería llegar a la transición y subirme ya a la bicicleta.

Me planto delante de mi bicicleta para empezar a cambiarme, me quito el neopreno rápidamente y empiezo a colocarme el casco, los calcetines, las zapatillas y las gafas. Aunque estas últimas tuve que esperar para ponérmelas pues estaban totalmente empañadas por la humedad que había.

Justo antes de entrar había visto a Rubén en plena transición, así que él ya estaba delante, pero David seguía en el agua pues teníamos las bicicletas una al lado de la otra, y al empezar a abandonar la zona de boxes, todavía no había rastro de él. Temía que le hubiera pasado algo en el agua, pero sabía que yo nadaba algo más rápido así que era factible que todavía no saliera.

Salgo de la transición y toca montar en la cabra, a ver cómo responde ella y, sobretodo, cómo respondo yo. 

Los primeros 3 km picaban hacia arriba. El trimono estaba empapado, y el frío del exterior hacía que yo sintiera que me estaba helando. Llegando al final de la subida veo a Sergi Davila animando a todos los participantes, como siempre. Empiezo a descender, toca una buena bajada, ideal para empezar a subir la media, activar las piernas, e ir bebiendo. Pero no iba a ser tan fácil. Al echar mano del bidón, puedo comprobar que los dos que llevo encima están completamente congelados. Las dos horas que llevan fuera del congelador no han sido suficientes para que se fundiera el hielo, así que estoy sin poder beber absolutamente nada.

La parte positiva es que no tenía nada de sed. Quería beber porque era lo que tocaba, pero sin ganas. Así que nada, sin probar ni gota seguí tirando. Tocando picos de 60km/h los metros pasan realmente rápido, aunque no iba nada bien para el frío que estaba pasando. Levaba ya más de media hora de ciclismo y seguí helado. Me dolían los pies y las manos, y los brazos me temblaban del frío.

Tras pasar la Gironella, llegaba Puig-Reig, donde empezaba la ascensión hasta l’Espunyola pasando por Casserres. Justo antes de empezar de empezar, alguien detrás de mi preguntaba si era el único que estaba congelado, a lo que para mi alivio -y para el suyo, supongo- respondí que no. Tome el primer gel antes de empezar a subir, y allí fue donde se tuvo que imponer más la paciencia y la cabeza que el corazón y las ganas de tirar. Tal vez podría haber subido algo más rápido, pero esta vez quería guardar todas las fuerzas posibles para usarlas en correr. Me adelantaba bastante gente, me sentía realmente lento, pero me daba igual, sólo pensaba en que a gran parte de esos que me dejaban atrás les iba a adelantar en el medio maratón.

A media ascensión me adelantó David, me comentó rápidamente que el agua no le había ido demasiado bien, pero ahora estaba sobre la bici, y eso ya es otro cuento para él. Aquí si se desenvuelve genial, y le deseé mucha suerte en lo que quedaba. En pocos km le había perdido de vista.

Quedaba poco por subir y de repente veo que l’Espunyola esta a tocar. Ya está, una vuelta más y lo tenemos. 46 minutos tardé en realizar todo el tramo de subida, me sentía más o menos bien, el frío por fin había desaparecido un poco, e iba bebiendo el poco líquido que se iba deshaciendo con el paso del tiempo. Tras un tramo de bajada y llano toca empezar la segunda vuelta, esta vez empezando por la parte de descenso hasta Puig-Reig, en la que vuelvo a tocar los 63 km/h. Las piernas ya están algo más entonadas, y el frío es historia. Tengo un bidón completamente líquido, y empiezo a beber como si no hubiera un mañana.

Tal vez no es la mejor estrategia, pero necesitaba reponer los líquidos perdidos. Por suerte no eran demasiados gracias al frío, pero siempre se pierde algo. Llego de nuevo al principio de la ascensión. Esta vez, me ayudo de algunas referencias que he tomado en la primera vuelta, y la verdad es que se me pasa mucho más rápido. Sin embargo, curiosamente tardo otros 46min en subir, así que calco el tiempo anterior. Llego a l’Espunyola y me tomo el último gel de la bici, para empezar a correr con algo de energía.

Apenas queda 1,5 km para la transición cuando nos metemos por las calles de Berga, con algunas subidas que se hicieron algo más largas de lo que me hubiera gustado, pero finalmente descalo y pongo pie en a tierra. Bicicleta salvada. La MMR se había portado de maravilla y me había dejado cubrir el sector en 3h22′ , lo cual no es un gran tiempo, pero me sirve para marcar mi mejor marca.

Cuelgo la bicicleta, me quito casco y zapatillas y las cambio por las de correr y la visera. Una vez tengo los geles necesarios en la mano, salgo de la zona de boxes y por si a caso compruebo que no he sido sancionado.

En ese momento experimento esa sensación de todas las carreras: no sé cómo estoy físicamente. No sé al ritmo que tengo que ir para aguantar hasta el final, no sé si tengo fuerzas suficientes o de sobras. Es un momento difícil para mí, pues habitualmente me encuentro en que estoy más fundido que un queso en la parrilla.

En esta ocasión, sin embargo, al parecer las piernas estaban al 100%. Empecé a correr cerca de los 5 min/km, cosa que no me costaba nada. Vi un wc portátil y paré, lo necesitaba y no creo que hubiera aguantado todo el tiempo que quedaba. Ahora sí estaba listo para darlo todo. Salí y ya sólo tenía un objetivo en mi mente, empezar a tomar referencias con Rubén y David para intentar no perder demasiado tiempo. Eso significaría que sigo bien de fuerzas y los ritmos son correctos.

Así que continué corriendo, las fuerzas parecían no agotarse, y las sensaciones era inmejorables. Poco a poco los km iban pasando y yo me iba distrayendo con las subidas y las bajadas del circuito. Me encantan los circuitos así. Ya me pasó en Peñíscola y me vuelve a pasar en Berga. Los sube-baja me favorecen y me encantan. Al llegar al primer avituallamiento veo a Rubén volver y unos minutos detrás veo a David, intento memorizar el sitio donde los he visto para comprarlo en la siguiente vuelta. Yo sigo a la mía y en seguida veo el punto de giro. Bien, media vuelta.

Poco a poco recorro el camino a la inversa y me vuelvo a cruzar con Rubén y David, los tres vamos a un ritmo genial. Termino la primera vuelta y empiezo la segunda. Me los vuelvo a cruzar y noto que han ido más rápido que yo, evidentemente, pero nada preocupante. Mis ritmos son geniales, como nunca. Me siento súper contento, disfruto de cada paso y de cada metro. Corro sonriendo y me encanta. Termino la segunda vuelta y veo a Judith salir de la t2, durante la tercera vuelta la alcanzo y le pregunto que cómo va. Hablamos un poco y me comenta que se ha cortado con una piedra en el pantano y que tiene una herida en el pie. Sin embargo la tía continúa corriendo, lenta pero corriendo. Me dice que siga corriendo, y lo hago. A partir de allí, pero, las fuerzas empiezan a escasear. Falta poco para terminar pero ya no voy tan alegre y el ritmo se resiente. Intento no superar en ningún momento los 5:30’/km aunque en las subidas es difícil.

A pesar del cansancio y los km, llego a los últimos 2km, sólo queda recorrer el paseo una vez más y cruzar el arco de meta. Y decido vaciarme, aprieto un poco, todo lo que tengo dentro y vuelvo a correr por debajo de 5′ el km. Llego a adelantar hasta 10 participantes en esos metros y por fin llego. Esa alfombra azul, ese gran arco. ¡Sí! Finisher del Sailfish Triatló Berga 2016 en 5h45’41”. Posición 16/20 de mi categoría y 352/461 de la general. Y de paso, mi mejor marca en Triatlón Media Distancia. Estoy realmente contento, termino satisfecho de cómo se ha desarrollado la prueba y de haber podido correr sin parar a caminar.

Por su parte, Rubén hizo su MMP en Berga tras 4 intentos con 4h46’42” y David terminó su primer Half en 5h21’12”. Otra vez más, sin embargo, lo que más valoro y con lo que me quedo es con haber podido disfrutar de un fin de semana de triatlón con verdaderos amigos.

Con este triatlón, ponía punto y final a una temporada increíble. Tenéis el resumen y mis conclusiones en este post.

¡Hasta pronto amigos!

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