Crónica Trilimit 2016

Y llegó el día. La temporada ya esta estrenada y de qué manera.

El sábado día 9 de Abril nos dirigimos a Deltebre para dar el pistoletazo de salida a una temporada que va a ser memorable. Si todo va según lo previsto, 4 medias distancias caerán desde ahora hasta septiembre, cerrando así una temporada que espero que sea para enmarcar.

El viernes antes de la competición, fui a entrenar con Rubén. Quedamos por la tarde para correr 40 minutos con 5 series de progresivos para poner las piernas a punto. Después de las series nos fuimos a la piscina a nadar 1.000 metros con los que entonces sí, cerraríamos los entrenos pre-carrera.

Las sensaciones fueron buenas, aunque con Rubén ya sé que nunca puedo mantener las zonas de pulsaciones cuando corro debido a su facilidad para ir rápido. Siempre existe un pequeño pacto, en el que yo doy algo más de mi, y él va haciendo idas y venidas, con lo que acaba corriendo bastantes más metros que yo.12973567_628565040644503_3303242023575667518_o

Durante la noche me preparé todo lo necesario para el día siguiente, no era una prueba muy lejana, pero no podía olvidar nada. Cuando lo tube todo listo, me fui a dormir.

La carrera empezaba a las 15h de la tarde, así que afortunadamente no tuvimos que madrugar demasiado para salir rumbo a Deltebre. Yo llegué antes, y Rubén y Joanra, que vinieron juntos, llegaron un rato después.

Todo iba genial, los tiempos eran perfectos, nos daba tiempo de comer tranquilamente, preparar el box sin prisas y dirigirnos a la zona de salida con toda la calma del mundo. Pero mi subconsciente decidió que no podía ponerlo todo tan fácil, así que al parecer, por la mañana tomó la decisión de dejar las zapatillas de la bicicleta perfectamente colocadas en el suelo de la habitación. Así es.

No me di cuenta de ello hasta estar ya en Deltebre, así que tuve que pedir a Rubén que me acercara a un Decatlhon cercano para mirar de adquirir unas zapatillas básicas pero suficientes para cubrir los 40km de la prueba. Como el tío es un trozo de pan, accedió y fuimos hacia Tortosa.

Una vez ya con las zapatillas y las calas colocadas, volvimos a Deltebre, donde comimos, todavía con tiempo. Faltaban 2 horas para la salida, y 1 hora para ir hacia el box a preparar la transición.

Sobre las 14 de la tarde fuimos a coger todo lo necesario para dejarlo en la transición, lo que nos llevó más tiempo del que pensábamos, y nos hizo llegar a la zona de boxes con apenas 20 minutos de margen antes de que se diera la salida, 1500 metros río arriba. Y como no había suficiente tensión decidí ponerle más pimienta al asunto perdiendo una de las dos piezas del portadorsal con las que sujetar el dorsal. Tampoco llevaba el DNI, así que por un momento me vi fuera y sin poder acceder al box. Por suerte me dejaron entrar diciendo mi número de DNI, y una vez colocado todo con bastante prisa (faltaban 10 minutos para que se diera la salida), salimos y empezamos a ponernos el neopreno.

Creo que nunca me había puesto el neopreno hasta la cintura tan rápido como ese día. Antes de salir corriendo hacia la salida, me enganché un imperdible al trimono, para poder atar el dorsal bien en cuanto saliera del agua.

Fuimos corriendo, con el neopreno a medias, y en chanclas, hasta la salida, donde llegamos apenas 3 minutos antes de las 15h. Rubén y yo nos terminamos de colocar bien el neopreno, y una vez listos, empezamos a meternos, junto al resto de participantes, dentro del Ebro, donde se iba a dar la salida.

La salida se daba desde dentro del agua, así que teníamos que esperar a que todo el mundo estuviese dentro. El agua tenía pinta de estar bien fría, y la entrada fue quizás una de las mejores que he visto para ocasiones como esta, sin medias tintas, directo al río.

El recuerdo de la semana anterior, en la que fuimos Rubén, Joanra y yo a intentar nadar en el mar, el cual estaba tan frío que no hicimos más que 4 brazadas para volver a salir a tierra, volvió a la mente. Costaba mantener la cabeza en el agua y eso no era bueno.

Pero por suerte no todo era negativo. Una corriente contundente nos arrastraba sin poder ofrecer resistencia, y eso haría que el segmento de natación se fuera a disputar en muy pocos minutos.

Ya con todo el mundo en el agua, la tensión no hacía más que ascender esperando el pistoletazo de salida.

Que por fin llegó.

Todo el mundo se puso a dar brazadas, o eso creía yo.

Junto a Joanra, vimos que Rubén rápidamente se puso a coger un buen ritmo mientras a duras penas podíamos nadar de braza.

La idea de dejarme llevar hasta que el río me llevara a la transición no parecía tan mala, podría llegar a tardar como mucho 25 minutos a ese ritmo, pero no hubiese sido demasiado digno de un principio de temporada épica.

Así que me decidí por empezar a meter la cabeza poco a poco e intentar nadar aislando la sensación de frío que me empapaba la cara. Poco a poco esa sensación helada y el dolor de cabeza empezaron a disiparse, los brazos iban prácticamente solos, buscando los pies de algún atleta que fuera delante mío.

En muchas ocasiones me vi nadando sólo, lo que me dificultó mucho encontrar una estela que me ayudara a nadar más rápido. Sin embargo, sabía que el ritmo que debía llevar tenía que ser bueno, me encontraba cómodo y tenía que sumarle la inercia de la corriente.

Cuando quise darme cuenta, el puente que llevaba tiempo en el horizonte y el cual marcaba el fin de la natación, empezó a agrandarse, y me lo encontré encima en apenas unos minutos y me dirigí a la salida del agua. Unos voluntarios ayudaban a los participantes a salir del agua, ya que la salida era un tanto precipitada y costaba escalar en esas condiciones.

Una vez fuera, podía dar por concluido el segmento de natación. Ahora empezaba lo duro.

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Fui corriendo hacia la transición, intentando recordar dónde habíamos dejado las bicicletas, y cuando por fin vi la mía, giré la cabeza y… ¡Sorpresa!

La orbea de Rubén seguía colgada y no había ni rastro de él.

¿Qué había pasado?

No esperaba encontrarme en esa situación, y en cuanto intenté reaccionar y empezar a quitarme el neopreno vi que apareció, sorprendiéndose también de verme allí. Todo volvía a la normalidad.

Tras una transición un pelo lenta de ambos, y haber arreglado el portadorsal como pude, nos dispusimos a salir con las bicicletas. Justo en ese momento llegaba Joanra a la transición, lo que significaba que no estaría demasiado lejos en el segmento de bicicleta.

Rubén y yo le dejamos cambiándose y fuimos a empezar la bicicleta. Salimos a la vez, pero en apenas unos metros demostró la diferencia de condición marchándose casi sin dificultad.

Allí empezaba otra carrera. Mantener el ritmo, no perder demasiado tiempo y no malgastar energías que iba a necesitar para correr. El viento lateral era constante, tanto de ida como de vuelta, lo que hacía imprescindible aliarse con otros participantes para ocultarse de él y poder avanzar más rápidamente.

Con relativa facilidad llegamos al primer punto de giro, acababa de ver a Rubén bastante bien y yo iba cómodo dando relevos a un par de participantes más. Ya en dirección a terminar la primera vuelta se unieron dos más para completar un grupo de 5 en el que pudimos rodar muy bien durante toda la vuelta. Poco después de dar ese primer giro vi a Joanra, que sufría el viento en solitario buscando grupos.

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La segunda vuelta fue muy parecida a la primera, las ganas de llegar eran desmesuradas, y en los últimos 10km, un grupo de 15 triatletas nos adelantó a una velocidad endiablada, algunos de los miembros de nuestro grupo intentaron aprovecharle e irse con ellos, yo también intenté escaparme, pero el ritmo era excesivo y no conseguía reducir una diferencia de 5-10 metros que tenía con el último miembro, el cual me daría respiro si lo hubiese llegado a alcanzar, sin embargo decidí abortar y esperar al resto para llegar a la T2 con las piernas más o menos frescas.

En nada estábamos entrando a Deltebre, y tras animarnos los unos a los otros, nos bajamos de los pedales y nos adentrábamos en la transición otra vez.

Como de costumbre, la T2 es mucho más rápida que la primera, sólo hay que dejar la bicicleta, quitarse el casco y cambiarse las zapatillas, en apenas 1 minuto entré y salí corriendo a buscar un ritmo que me permitiera cubrir los 10 km de manera cómoda, sin sentir ningún bajón y además, bajando de 50 minutos, que era el objetivo que tenía en mente.

Al principio corría sobre los 4:40 min/km con un dolor de gemelo que me hizo pensar lo peor, pero apenas 500 metros después ya me sentía cómodo y los km pasaban más deprisa que nunca. Cuando quise darme cuenta, estaba a punto de llegar al punto de giro, me había cruzado con Rubén, le había dado ánimos, aunque viendo su ritmo, creo que iba bastante animado de por sí.

En llegar al primer giro, km 2,5 empecé a contar la distancia que había entre Joanra y yo. Más de 1 km de diferencia en la primera toma de medidas, lo cual me daría referencias para poder evaluar mi ritmo en cuanto volviéramos a cruzarnos.

Km 3,5, las piernas seguían increíblemente bien, y estaba ya enfilando hacia la meta, donde todavía tendría que dar otro giro para empezar la segunda vuelta.

Pasados 28 minutos marcaba el km 6, me volvía a acercar al último giro de la prueba, Rubén ya había terminado, un poco antes que yo, y Joanra estaba detrás, manteniendo la distancia.

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Sorprendentemente en ningún momento vi peligrar demasiado el ritmo. Las piernas parecían ágiles, me sentía realmente cómodo y el haber adelantado a algunos participantes corriendo me había dado la moral necesaria para llegar con más o menos frescura a la recta final.

¡FIN! 2h16’37” Posición 65, por delante incluso de la segunda mujer, y con una satisfacción enorme. Vaya manera de empezar la temporada.

Terminé muy contento, extremadamente contento. El cuerpo se comportó sorprendentemente bien. Los buenos entrenos suman, y aunque es una obviedad, no fui capaz de entenderlo hasta que crucé la meta del Trilimit.

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Ahora toca pensar ya en este próximo fin de semana, en el que Rubén, Joanra, Kyny y yo nos vamos a Peñiscola a disfrutar del primer Half de la temporada.

Espero no tardar más de una semana otra vez para publicar la crónica.

¡Hasta pronto!

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