Crónica Mitja Marató Tarragona 2015

¡Volvemos a estar aquí! Nueva temporada, que ya desde la primera cita promete ser apasionante. Me supo mal no poder escribir esto la semana pasada, en la que tenía que haber estado en la línea de salida de la Marxa Dels Roures y que finalmente no pude realizar por culpa de un catarro tocajones muy molesto.Tras haberme recuperado bien y después de entrenar a conciencia durante toda la semana, se presentaba la primera gran cita de la temporada: La Mitja Marató de Tarragona. Para mí era algo diferente, ya que en las dos últimas ediciones había participado en la modalidad de 10k, siendo, junto a Salou, una de las carreras que más he disfrutado anteriormente y tenía ganas de debutar en la media distancia aquí con un buen sabor de boca.

Las ganas que tenía eran enormes y la motivación mayor aún. Tenía dudas sobre cómo iba a ir, ya que los últimos 21km que corrí fueron en marzo en la Mitja de Cambrils, y para entonces el crono fue mucho mejor que las sensaciones. Aún así, si le añadimos las ganas de estrenar EQUIPO USK TEAM (sí, con mayúsculas, de los que te contagian las ganas de competir, las ganas sufrir y las ganas de compartir, pero sobretodo las ganas de disfrutar, donde cada uno se siente especial. No un equipo de los que tiene cientos de miembros, pero sí un GRAN EQUIPO), las ansias por que llegara el domingo eran incalculables.

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El día transcurrió como un día normal de carrera. Me levanté a las 7 para desayunar con tiempo de digerirlo todo y salir sin la sensación de pesadez que en alguna ocasión he sufrido y que tan desagradable se hace. A las 9 en punto estaba ya con el coche aparcado y habíamos quedado el equipo para repartir las camisetas a los que todavía no la tenían y hacer la primera foto oficial. Allí conocí a Carles y Francesca, que casualmente también estuvieron en Balaguer pero debido al tiempo que tardé para terminar la prueba no pude llegar a conocer porque se habían tenido que ir (ya era tarde de verdad…).

La cuestión es que, como siempre, terminó siendo la hora de empezar a correr y todavía no nos habíamos juntado más que Oscar, Carles, y yo, así que nos fuimos para la línea de salida, donde nos encontramos a Raul, Kini y Joanra. La salida fue un poco caótica pero aún así pudimos empezar a correr rápidamente.

La carrera había empezado, el cronómetro estaba en marcha y los nervios previos habían desaparecido, tocaba actuar. En seguida engrané el ritmo que quería más o menos mantener a lo largo de toda la carrera. Los 4:40 min/km me parecían suficientes, pero a la vez quería intentar quedar por delante de la marca de 1:40h. El problema llegó tras el primer km, en el que vi que la liebre de 1:40 estaba por delante, y entre nosotros había muchísima gente, con lo que debería de ir recortando tiempo poco a poco hasta llegar e intentar sacar algo de ventaja por si al final de la carrera necesitaba bajar el ritmo.

Iban pasando los km y cada vez veía la bandera de 1:40h más cerca, lo cual me alegraba, pero sabía que iba al 90% de mis fuerzas y apenas habíamos recorrida 6 o 7 km cuando conseguí ponerme a su altura. Desde ese momento sabía que tenía mucho ganado, y mientras nos adentrábamos en las calles de Tarragona, podía ver como cada vez había más espacio entre yo y la liebre de 1:40h.

Me había tomado el primer gel, y el cuerpo parecía que aguantaba a la perfección, subiendo y bajando mantenía el equilibrio entre desgaste y recuperación, la mente se mantenía distraída y sin querer los km iban cayendo uno tras otro. El problema real llegó una vez pasado el km 12 en el que el terreno dejaba los desniveles a un lado y empezaba la tortura real, donde ni subidas ni bajadas daban una tregua. Llegados a este punto me propuse no bajar para nada el ritmo, y lo conseguí llevar a cabo hasta el km 16,7 en el que las piernas empezaron a abandonarme pasando de los 4:40 min/km a los 5:10 min/km. Me encontré con un compañero de equipo al que saludé, lo había tenido delante durante toda la carrera pero no había sido capaz de alcanzarle, salvo en ese momento en el que él empezó a quedarse atrás acusando también el enorme desgaste físico hasta ese momento.

De repente vi una bicicleta a mi izquierda, y al mirar me di cuenta de que la liebre de 1:40h había llegado hasta mi, era el km 16,5 y todavía quedaban 5 por delante, lo cual me habría tenido que frenar un poco y no intentar un arreón imposible por aguantar el ritmo. En menos de 500 metros vi que era inevitable ganarle la partida esta vez y me di por vencido. Sin embargo algo cambió respecto a otras carreras pasadas y es que aun sin sentirme fino y con las piernas muy mermadas, me mantuve en un ritmo genial para llegar a meta sobre los 5:40 min/km. Me sentía rápido, no lo suficiente para alcanzar el objetivo, pero si como para ver que los metros pasaban velozmente. La eterna recta no terminaba nunca, pero eso no fue impedimento para seguir con el ritmo, consiguiendo pasar algunos corredores más.

El único “pero” a todo esto fueron los dos últimos km en los que la cosa se puse realmente fea, el malestar se agenció de mi cuerpo y el ritmo se resintió más todavía, tube que parar durante unos segundos, recuperar 4 puñados de energía que quedaban en las piernas y exprimirlos para que me llevaran a meta.

La recta final fue otra tortura, una pendiente suave pero matadora a esas alturas, las piernas hacían lo que podían, y aún así conseguí entrar a meta al sprint llegando a los 4:15 min/km y parando el crono en 1:43:46, tan sólo 1:27 minutos más que mi marca personal.

A pesar de todo, terminé muy contento, sabiendo que lo di todo de principio a fin y con más ganas aún de empezar a correr ya en la Mitja de Salou del siguiente domingo día 13 de diciembre. Esa carrera no hace más que traerme buenos recuerdos y mejores sensaciones, así que iré a superar mi anterior marca, y si me veo con fuerzas, bajar de 1:40h.

¡Hasta pronto!

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