Crónica Marató Barcelona 2017

Pues sí, parecía que nunca iba a llegar el día de mi debut en una maratón. Pero al final llegó, y os voy a contar cómo fue en las siguientes líneas.

El sábado por la tarde, después de comer me dirigía con mi familia hacia Barcelona, donde Rubén, Arancha e Iker nos esperaban para ir a recoger el dorsal. Una vez encontrados nos fuimos directos a la Expo donde nos dieron los dorsales y las camisetas (una talla más grande de lo que pedimos. Al parecer el hecho de pedir una talla en el momento de la inscripción se lo pasaron un poco por los coj…). Allí vinieron a encontrarnos también Kini, Joanra y Laura y tras dar unas vueltas mirando las tiendas que estaban allí, salimos hacia fuera para decidir qué íbamos a hacer.

Todavía teníamos que ir al hotel y todo, así que decidimos que ya que la zona de la expo estaba llena de gente, iríamos hacia el hotel y allí intentaríamos cenar en algún restaurante. Pero al parecer el plan tenía algunas lagunas con las que no contábamos. No había muchas opciones cerca para poder cenar, así que viendo que el tiempo se nos echaba encima decidimos tirar por la calle del medio y acabamos pidiendo unas pizzas con las que realizamos toda la carga de hidratos de la noche previa a un maratón.

Quizás no era lo mejor nutricionalmente hablando, pero en ese momento, con el hambre que había, ni se dudó. Poco antes de las 12 de la noche nos íbamos a dormir, con todo preparado para la mañana siguiente.

A las 6:30 sonó el despertador, desayuné y a las 7 me encontré con Rubén fuera del hotel, listos para coger el metro y dirigirnos hacia la salida de la carrera.

Una vez allí, volvimos a encontrarnos con Joanra, Kini y Laura, fuimos a dejar las bolsas y al salir vimos a Jordi Giné que también correría los 42 km.

Tras calentar un poco cada uno nos fuimos a nuestros cajones a prepararnos para la salida. Rubén se colocó en el primero, yo en el siguiente y el resto en el de detrás. Estuve allí sólo, intentando aislarme de toda la gente que había a mi alrededor, faltaban más de 15 minutos para que se diera la salida y ya estaba allí, todavía asimilando lo que iba a hacer. Sabía que iban a ser 42 km en los que podía pasar de todo, pero los afrontaba con muchas ganas e ilusión. A las 8:30 se dio la salida al cajón que tenía delante, en el que estaba Rubén. Empecé a sentir que el momento llegaba, y cuando me di cuenta, habían pasado 4 minutos y entonces sí, era el momento de nuestra salida. Sonó el disparo, y la cosa había echado a andar, y nunca mejor dicho. Los primeros metros, hasta llegar al final de la calle fueron de ir prácticamente andando y trotando. Me centré en disfrutar de ese momento, de toda esa gente que estaba conmigo corriendo y de toda aquella que se situaba al otro lado de las vallas.

En ese instante la ilusión casi se puede saborear, miles de personas emocionadas con lo que es una de las mejores carreras que he corrido nunca. En los primeros metros todo es energía. Vas sobrado y salen chispas a cada zancada, te recorre una corriente por dentro. Esa electricidad. Empiezas a correr, y tardas un poco en ser consciente de lo que estas haciendo y lo que te queda por delante.

Km 1. Todavía no he terminado de asimilar todo lo que está sucediendo y ya veo el primer cartel de los 42 que iba a ver en total. Estoy intentando contenerme y no ir más rápido de lo que voy. Sé que puedo pero me han dicho por activa y por pasiva que no me pase de listo, que esto del maratón va de un cabrón que te espera sobre el km 35 y te pega una colleja si te pasas de chulo. Así que siguiendo los consejos, me mantengo en mi ritmo de 5 min/km.

Km 2. La cosa sigue igual, en la misma calle, esto no se acaba, pero voy sobrado de fuerzas y todavía somos muchos corriendo, algunos me frenan y voy intentando esquivar a la gente que va un poco más lenta que yo. En ocasiones tengo que subirme a la acera. La cosa va bien.

Km 5. Ya hemos doblado 3 esquinas y necesito ir al baño, no voy cómodo y soy consciente de que no puedo aguantar 3 o 4 horas en esa situación así que en un momento dado veo que hay algunos participantes que salen de detrás de unas plantas, y allí que voy. Una vez voy más ligero de peso, vuelvo a la carrera.

Km 6. Pasamos por el primer avituallamiento y noto que ya me falta un gel. Perfecto, de los 6 que tenía que tomar, creo que en algún golpe con otro participante he perdido uno, así que toca reestructurar un poco la carrera. Pasamos por el Camp Nou, y ya en el km 7 entramos en la Diagonal.

Km 8. De repente noto que alguien aplaude a mi lado, y creo que es a la batucada que estoy pasando pero me doy cuenta de que no. Kyny y Joanra me están adelantando, les veo bien, nos damos ánimos, y poco a poco se alejan de mi a un ritmo superior.

A partir de este momento, es cuando realmente empiezo a disfrutar de la carrera, me llena las energías al máximo ver tanta gente animando por todos lados. Los dos costados del circuito a reventar de público apoyando a todos los corredores. A esto hay que sumarle el pasar por los lugares más emblemáticos de Barcelona. Por el centro se estrechan un poco las calles y sientes los ánimos mucho más cercanos. Realmente increíble.

En esos momentos corro feliz, paso por el km 10 – 12 – 15 – 17… Voy tomando los geles suficientes y siempre bebiendo agua en los avituallamientos. En alguno tomo también algo de Powerade. Ya en el 18 entro en una avenida enorme en la que hacemos más de 4 km entre ida y vuelta. Sé que Rubén va muy por delante y no creo que me lo llegue a cruzar, pero empecé a buscar a Kyny y Joanra. De esta manera me entretenía y no pensaba en correr ni en el cansancio. La ida picaba un poco hacia arriba, de repente les veo, todavía van bien aunque tienen la liebre de 3h15′ un poco por delante y no sé si tendrán tiempo de alcanzarla.

Doy la vuelta y veo que le llevo a la liebre de 3h30′ un par de minutos. Ahora es bajada y al acabar esa enorme avenida nos plantamos ya en el 22. Hasta llegar al 26 el circuito se vuelve un poco aburrido. Me van llegando mensajes al móvil y entonces me doy cuenta de que la app de la maratón ha fallado, aun así sigo recibiendo ánimos. Y ya en el 27 entramos de nuevo a la Diagonal pero por el otro lado. Menuda ida y vuelta más larga. Metido en medio de un montón de corredores, me noto con muchas energías y empiezo a adelantar un poco a los que considero que van algo más lentos que yo. Llego al 29 y doy la vuelta para volver, pensaba que la cosa sería de bajada pero creo que las piernas empiezan a avisar de que ya no están como al principio, y el ritmo ya comienza a costar mantenerlo, aun así paso por el 30 y felicito a mi primo que ese día cumplía su trigésimo cumpleaños.

Dejada atrás la Diagonal y ya bien adentrados en los treintas se viene lo que había oido que era la parte “fea” de la carrera, donde no había tanta gente animando y las cosas empezaban a costar. Sin embargo aguanto, el km 33 se convierte sin querer en el último que hago por debajo de 5 min, las piernas se empiezan a resentir de algunos apretones que he hecho en bajadas, de algunas motivaciones que me han subido la moral durante unos kilómetros, y algo me pellizca y me despierta del sueño. “A partir de ahora esto va a cambiar, te vas a fastidiar”, oigo dentro de mí.

Y así fue, desde ese momento, los carteles de los kilómetros empezaron a distanciarse y cada vez costaba más verlos. Veo el 34, al cabo de un rato el 35, y de repente oigo a alguien animando a los de 3h30′. ¡No puede ser! Las liebres me han dado caza y con 7 km por delante lo único que puedo hacer es resignarme y aceptar la “derrota” (pues mi verdadera batalla consistía en cruzar la meta, fuese como fuese).

A los pocos metros veo que me adelanta Jordi Giné hablamos un poco, y sigue adelante, no puedo seguir el ritmo.

Me voy hasta los 5’20”/km y resisto hasta el 37.

Cada vez voy a peor, y a marchas forzadas.

Me siento, a pesar del ritmo, más o menos rápido y me digo a mi mismo que ya sólo faltan 5 km. Un 5000. ¿Cómo no iba a aguantar aquello?

De repente veo a Jordi, andando y lo animo, le digo que se venga un poco arriba, que ya no falta nada. Y a partir de allí vamos los dos, al mejor ritmo que podíamos llevar. Subiendo el Paral·lel en ocasiones se fue por encima de los 6 min, pero ¿qué más da?

Km 40. En ese momento me acuerdo de todo lo que he sufrido en anteriores carreras, de todos esos martillazos que me ha pegado el coco tantas y tantas veces.

Me acuerdo de Balaguer 2015, y de Balaguer 2016.

Del inmenso sufrimiento que me trae siempre esa ciudad.

Me acuerdo de la Polar Gran Fondo del año pasado, en la que tras tocar el suelo 3 veces conseguí llegar a meta.

Me acuerdo también de Peñíscola, donde terminé con un dolor lateral increíble.

Y sé que al fin y al cabo eso es “sólo” un maratón. Que me faltan 2.000m y que me río yo de eso. Lo peor lo tenía superado y ya no había más alternativa que llegar a meta.

En el último km hablo un poco más con Jordi, y ya llegando al 42 veo a mi familia animando entre la multitud y no puedo evitar apretar el puño y emocionarme, ya sólo faltan 195 metros. Se me pasan volando, y finalmente… FINISHER en 3h39’45”

Es indescriptible la mezcla de dolor, fatiga, felicidad y satisfacción. Hay que correrlo.

Una vez allí, me encuentro a Joanra y Kyny que a pesar de no haber logrado alcanzar a la liebre de 3h15′ han realizado una carrera fantástica. También veo a Laura, que sí que ha conseguido debutar por debajo de las 3h30′ y me alegro por todos ellos. Jordi terminó muy cansado también, pero lo que vale al fin y al cabo en un maratón es llegar a meta, y lo consiguió gracias a mí, y yo gracias a él.

Ya terminado todo me encuentro con Rubén, que ha realizado su mejor marca en maratón con un tiempazo de 2h46’56” y la verdad, me enorgullece saber que a mi lado siempre tengo entrenando a alguien capaz de esta proeza.

No puedo decir más que tengo ganas de volver a correr un maratón, y tengo ganas de volver a correr en Barcelona. No sé si será el año que viene o al siguiente, pero sé que volveré a hacerlo y me prepararé para disfrutarlo durante los 42,195km, sin dejarme absolutamente un cm asfalto.

Hasta aquí la crónica amigos. Sé que en ocasiones me extiendo más de la cuenta, pero me cuesta mucho sintetizar en algo que me apasiona tanto y con lo que disfruto hasta niveles insospechados.

En nada empieza la temporada de triatlón y me estrenaré de nuevo en Deltebre, como el año pasado, aunque esta vez en distancia Half. ¡Así que estad atentos!

 

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