Crónica Half TriCircuit Deltebre 2017

Volvemos a estar aquí. Volvemos a Deltebre por segundo año. Sin embargo, este año empezamos la temporada de triatlón más fuertes que nunca con una distancia Half. Hoy, Crónica Half TriCircuit Deltebre 2017.

De la misma manera que en 2016, nos desplazamos hasta Deltebre para inaugurar la temporada de triatlón. Esta vez nos fuimos el sábado ya que Rubén y Laura competían en distancia olímpica, mientras que Joanra, Rubén (que competía los dos días), y yo corríamos el domingo por la mañana.

Una vez allí, fuimos a ver como se disputaba la distancia olímpica y los sprint. Es genial poder ver un triatlón desde fuera. El ambiente, los nervios, el deporte se puede respirar por todos lados. Además, siempre que voy a ver cualquier tipo de carrera me entran unas ganas enormes de competir, y esta vez sólo tendría que esperar unas horas para hacerlo.

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Pues sí, parecía que nunca iba a llegar el día de mi debut en una maratón. Pero al final llegó, y os voy a contar cómo fue en las siguientes líneas.

El sábado por la tarde, después de comer me dirigía con mi familia hacia Barcelona, donde Rubén, Arancha e Iker nos esperaban para ir a recoger el dorsal. Una vez encontrados nos fuimos directos a la Expo donde nos dieron los dorsales y las camisetas (una talla más grande de lo que pedimos. Al parecer el hecho de pedir una talla en el momento de la inscripción se lo pasaron un poco por los coj…). Allí vinieron a encontrarnos también Kini, Joanra y Laura y tras dar unas vueltas mirando las tiendas que estaban allí, salimos hacia fuera para decidir qué íbamos a hacer.Continúa leyendo

Seguimos poniéndonos al día con las crónicas. Tras explicaros cómo fue mi experiencia en Balaguer, nos situamos ahora tres semanas después en verga dónde se disputaba el Sailfish Triatló Berga 2016.

Puesto que la prueba se disputaba el domingo por la mañana, nos dirigimos hacia allí el viernes. Sobre las dos del mediodía cogimos el coche y emprendimos el viaje, en el que íbamos a pasar previamente por Manresa, donde apenas unas semanas antes había adquirido mi MMR Blade. Necesitaba unos pequeños ajustes que rápidamente fueron solucionados. Una vez teníamos la bicicleta cargada de nuevo, seguimos hacia l’Espunyola, donde teníamos la casa en la que íbamos a pasar todo el fin de semana.

Este pueblo se situaba a apenas 15 minutos de Berga, lo que nos permitía estar tranquilos y cerca a la vez. A media tarde llegamos y nos encontramos con el dueño de la casa, éramos los primeros así que tocó esperar a Rubén, Arancha e Iker en primer lugar, y a David después. Tras habernos instalado, fuimos a comprar algunas cosas para poder cenar. Íbamos con el tiempo justo, y de hecho nos apagaron las luces del súper con nosotros dentro. Tras la compra y la cena, a descansar para el día siguiente.

 

Por la mañana, como todos los días previos a carrera, tocó hacer un pequeño entreno. Salimos a correr 30 minutos, en los que cubrimos apenas 5,2km. El ritmo fue bajo pero ideal para activar las piernas de cara a la carrera. Una vez duchados y listos nos dirigimos a Berga para recoger la bolsa del corredor y poder comprar la comida con más tranquilidad, encontramos a Judith, que se iba a medir al half de nuevo cosa que me alegraba mucho después de todos los problemas físicos que ha ido arrastrando. Hacia el mediodía volvimos a la casa, comimos y nos echamos una buena siesta. Todo descanso es poco. Por la tarde volvimos a Berga para preparar la T2 que se ubicaba en el Passeig de la Industria, justo donde se encontraba el arco de meta.Continúa leyendo

¡Hola a todos! Sé que llevo cierto retraso con las crónicas, pero ahora que he terminado mi primera parte de temporada voy a ponerme al día que ya toca.

Me quedé justo antes de la Polar, así que allá vamos.

Pongámonos en situación. Polar Gran fondo La Mussara, en mi caso hice el medio fondo (97km con +2200m de desnivel).

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El sábado por la tarde había quedado con David, Rubén, Joanra y Quini para ir a recoger el dorsal en la Expo. Cuando llegué yo, todos excepto Rubén ya tenían el dorsal y estaban a punto de irse, así que me quedé a esperar a Rubén, recogió su dorsal y quedamos para el día siguiente.

Costó levantarse, el fin de semana se había vuelto ligeramente ventoso y tenía un cierto temor a que ensuciara la carrera. Las sensaciones de l’Ametlla no habían sido las que quería, y la moral estaba un poco tocada. Aún así me puse en marcha para llegar a la salida, donde habíamos quedado todos.

Como suele pasarnos, no conseguimos juntarnos todos, así que la foto de primera hora nos la hicimos Juande, Rubén y yo. Todavía faltaban casi 30 minutos para la salida de la Gran Fondo, y Rubén fue a colocarse en su cajón de salida. Juande y yo nos fuimos hacia los nuestros de la medio fondo.

En ese momento empezó mi particular carrera. La tónica de lo que iba a ser ese día empezaba a asomar, pues al llegar al cajón e intentar bajar, no pude desenganchar la cala derecha y me fui directo al suelo (o mejor dicho, encima de otro participante que había allí).

Pasados unos minutos llegó Carlos y David, aunque a éste último no lo vi porque se fue directo a su cajón. Carlos y yo salimos desde el mismo así que estuvimos allí durante casi 45 minutos hasta que nos dejaron salir.

Ya me había olvidado de la pequeña caída, y la motivación era muy grande en ese momento, así que me coloqué detrás de Carlos para no perderle de vista.

Salimos pegados a las vayas de la izquierda. Di pedales tres veces y no me lo podía creer… Volvía a estar en el suelo. Una de las telas publicitarias de las vayas laterales se había levantado con el viento y se me enganchó en la rueda delantera, haciéndome caer de nuevo. Esta vez las consecuencias fueron algo peores. Me di con el costado en el suelo y al levantarme y volver a sentarme en la silla noté que mi lado izquierdo me dolía bastante. Intenté no pensar demasiado en eso y fui a encontrar a Carlos.

Cuando lo encontré y le expliqué lo sucedido no pudo evitar reírse. Normal jaja.

Superado ya el momento, empezamos a buscar grupos para que nos llevaran hasta el inicio de La Mussara. La situación en la que habíamos salido no nos benefició en absoluto, había poca gente y los grupos no eran muy cuantiosos. Además, el viento de cara hacía que el trayecto de 15km que teníamos que hacer hasta Vilaplana nos desgastara más de la cuenta.

Para entonces ya había notado que ese no iba a ser mi día. No sé si fue mental o físico, pero mi estado era peor que el del año pasado. Recuerdo que en 2015 en las subidas podía aguantar un muy buen ritmo, adelantando participantes continuamente y esta vez no fue así. A los 2 km de subida llegó David por detrás y justo después alcanzamos a Juande, que debido al aire y al asma lo estaba pasando bastante mal para subir. Iba a su ritmo, y era lo mejor que podía hacer hasta llegar arriba para intentar encontrarse a si mismo de nuevo. Más adelante David nos dejó atrás y empezó a tirar. Carlos y yo seguíamos a un ritmo constante, restando km para llegar arriba.

Poco a poco fuimos pedaleando hasta alcanzar el final de la cronoescalada. Allí vimos a David que no estaba esperando y decidimos seguir los tres. A 500 metros encontramos el primer avituallamiento y decidimos parar a reponer un poco. Personalmente tenía de todo así que esperé alejado a que terminaran. El avituallamiento estaba situado justo después de una bajada y justo antes de una pequeña subida, así que al llegar dejé puesto el plato grande y el piñón pequeño. Al intentar reanudar la marcha, puse las dos calas en los pedales como pude, pero me fue imposible hacer la fuerza suficiente como para girar los pedales. El resultado fue este:

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Así terminó la herida que me hice en la rodilla. En ese punto ya estaba maldiciéndolo todo. Faltaban 65km y todo lo que pasaba por mi mente era negativo. Sin embargo no quería que esa fuera la primera competición en la que me retiraba y me convencí de que tenía que continuar.

También lo hice por Carlos. Sé que si no hubiese sido por mi habría ido algo más rápido y por respeto decidí que eso no ese accidente no era excusa para rendirme.

Durante los siguientes kilómetros la cabeza no me funcionaba para nada, no conseguía mantener la concentración ni encontrar el equilibrio entre o físico y lo mental. Carlos y David me habían dejado un poco atrás y los siguientes 20 km los hice prácticamente sólo. Era mayormente bajada, así que no tuve demasiados problemas. Aun así el viento no lo ponía muy fácil.

Llevabábamos 2h24′ de carrera cuando llegué al avituallamiento de Capafons, donde me reencontré con Carlos y David. Estuvimos allí unos minutos, y durante ese tiempo pude ver a Juande que pasaba sin pararse, bastante repuesto de como lo habíamos visto subiendo La Mussara. Poco después reemprendimos la carrera nosotros tres. Yo tomé la delantera e intenté forzar un poco las piernas, sabía que podía hacer aquello mucho mejor y quería encontrar el punto. Durante el siguiente puerto adelanté a bastante gente, encontré un ritmo que me iba genial y llegué hasta arriba sin ningún problema. Durante la miniescalada David me adelantó y siguió hacia adelante, mientras que Carlos me alcanzó un poco más tarde y ya se quedó conmigo hasta el final. Llegamos hasta arriba y a partir de allí intentamos llanear lo más rápido posible. Íbamos recuperando bastante tiempo, la media de velocidad iba poco a poco subiendo, pero el crono era muy negativo y sería difícil recuperarlo todo. Carlos es realmente bueno bajando, y seguirle el ritmo me costó lo suyo. Confié al máximo en mi bicicleta y apurando las frenadas en las curvas y saliendo rápido conseguí mantenerme en su estela.

Sin embargo poco a poco se iba distanciando y llegó un punto en el que ya no le veía. Una ambulancia escondida en una curva de 180º nos hizo recordar que una caída a esas velocidades podía ser bastante grave, así que decidí no seguir forzando en exceso y empecé a bajar rápido pero sin peligros.

El descenso del Coll d’Alforja lo pude hacer realmente fácil, adelanté a varios participantes más y al llegar a Alforja me reencontré con Carlos. Las bajadas me habían puesto las pilas y el reloj me decía que iba a ir muy justo para superar el tiempo del año pasado.

A partir de ese punto empezamos a darnos relevos para bajar lo más rápido posible. Fuimos realmente rápidos. En los últimos 20 km de circuito conseguimos hacer una media de 41,6 km/h, lo que dejó claro que las fuerzas estaban allí.

Finalmente, y ya sabiendo que sería imposible mejorar el tiempo del año pasado cruzamos la meta en 4h01′ (exactamente el mismo que la edición anterior)image1

Terminé muy contento por el hecho de terminar. Quería que eso se acabara cuanto antes. Quería bajarme de la bici de una vez por todas. Al acabar y conocer el tiempo empleado me sentí mal, pues no había conseguido mejorar respecto al año pasado.

A pesar de ello, una vez comido y descansado he de reconocer que la carrera no fue tan mal como me pensaba. Teniendo en cuenta las caídas y las malas sensaciones que había tenido durante gran parte de la carrera, igualar el tiempo del año pasado no había sido tan mal resultado. Vale la pena recordar que el año pasado las sensaciones fueron totalmente opuestas. Así que para el año que viene lo tengo claro, toca entrenar más y mejor.

Aunque bien pensado… si todo va según lo previsto.. estaré ya entrenando más y mejor para un objetivo bastante mayor. Pero de eso ya hablaremos en otro momento.

¡Me pongo YA a escribir la crónica del Challenge Salou 2016!

 

 

Ya estamos aquí de nuevo. Hoy vamos con la crónica del duatlón improvisado de L’Ametlla de Mar del pasado día 7 de mayo.

En esta ocasión sólo competíamos David y yo representando al Usk Team.

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Quedé con él a las 12 en L’Ametlla, para recoger dorsales y preparar el box sin ningún tipo de prisa.

Como siempre, salí tarde y llegué con un rato de retraso al sitio. No había mucho sitio para aparcar y eso complicó un poco el llegar a tiempo.

Faltaban más de dos horas para que se diera la salida y el tiempo parecía no querer darnos una tregua. Soplaba viento, el mar estaba bastante revuelto y encima caía una fina lluvia que molestaba y empapaba el asfalto.Continúa leyendo

Ya tenemos aquí la crónica de la última carrera que realizamos el anterior día 24 de abril en Peñiscola.

Era el primer Half Triathlon de la temporada, de un total de 4, así que quería empezar con buen pie y sobretodo continuando con las sensaciones que me quedaron del trilimit.

Pero vamos a empezar por el principio.IMG_2079

El viernes a primera hora de la tarde salimos de Reus dirección a Peñiscola. Eso si, después de haber repasado el material unas cuantas veces para asegurarme de no dejarme nada. En el camino esperamos a Rubén y su familia que venían de Tarragona para ir juntos hasta allí.

Llevábamos toda la semana preocupados por el tiempo que íbamos a encontrar durante el fin de semana y sobretodo el domingo durante la carrera. En el viaje nos llovió a ratos, y justo al llegar al hotel y tras haber descargado todo el equipaje también llovió bastante contundentemente en Peñiscola.

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Y llegó el día. La temporada ya esta estrenada y de qué manera.

El sábado día 9 de Abril nos dirigimos a Deltebre para dar el pistoletazo de salida a una temporada que va a ser memorable. Si todo va según lo previsto, 4 medias distancias caerán desde ahora hasta septiembre, cerrando así una temporada que espero que sea para enmarcar.

El viernes antes de la competición, fui a entrenar con Rubén. Quedamos por la tarde para correr 40 minutos con 5 series de progresivos para poner las piernas a punto. Después de las series nos fuimos a la piscina a nadar 1.000 metros con los que entonces sí, cerraríamos los entrenos pre-carrera.

Las sensaciones fueron buenas, aunque con Rubén ya sé que nunca puedo mantener las zonas de pulsaciones cuando corro debido a su facilidad para ir rápido. Siempre existe un pequeño pacto, en el que yo doy algo más de mi, y él va haciendo idas y venidas, con lo que acaba corriendo bastantes más metros que yo.12973567_628565040644503_3303242023575667518_o

Durante la noche me preparé todo lo necesario para el día siguiente, no era una prueba muy lejana, pero no podía olvidar nada. Cuando lo tube todo listo, me fui a dormir.

La carrera empezaba a las 15h de la tarde, así que afortunadamente no tuvimos que madrugar demasiado para salir rumbo a Deltebre. Yo llegué antes, y Rubén y Joanra, que vinieron juntos, llegaron un rato después.Continúa leyendo

Pues ya estamos aquí de nuevo, han pasado dos semanas de la última carrera: Mitja Marató Tarragona 2015.

Tenía unas ganas enormes. Desde que crucé la meta en Tarragona, se empezó a poner entre ceja y ceja mejorar mi marca en Salou. La motivación era enorme y sabía que las piernas podían con ello. Sin embargo, tenía mis dudas. Y esas dudas desaparecieron del todo cuando Rubén me dijo que se apuntaba, y que me llevaría hasta la meta por debajo del 1:40h. Si él lo decía era verdad, sí o sí.

Esta mañana tras desayunar bien he ido hasta Salou, donde me he encontrado nada más llegar con David Balañà y Pep. Hemos ido a recoger los dorsales y estando allí ha llegado Carlos con Alba y también Rubén. Los nervios estaban a flor de piel. Carlos debutaba en media maratón, aunque personalmente sabía que estaba más que capacitado para hacer un carrerón, como así ha sido. A falta de 10 minutos para empezar nos hemos encontrado con Raul, y a partir de allí ya, cada uno a lo suyo.

Raul ha ido siguiendo la liebre de 1:24, Carlos, David, Rubén y yo hemos salido a aguantar la de 1:40 y Pep la de 1:50.

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La salida ha ido bastante bien, intentando encontrar el hueco para pasar entre tanta gente e intentando encontrar el ritmo apropiado para toda la carrera, 4:44 min/km era el límite para llegar al objetivo. Rubén lo tenía claro, ritmo constante, ni apretar ni aflojar, regularidad. Y así ha sido, desde el primer momento hemos cogido el ritmo, y los 4 hemos aguantado realmente bien. Iban pasando los km y conseguíamos recortar un poco de tiempo con la liebre, que había salido algo antes que nosotros. En cuanto hemos conseguido colocarnos en el pelotón, nos hemos mantenido, aguantando el ritmo.Continúa leyendo

¡Volvemos a estar aquí! Nueva temporada, que ya desde la primera cita promete ser apasionante. Me supo mal no poder escribir esto la semana pasada, en la que tenía que haber estado en la línea de salida de la Marxa Dels Roures y que finalmente no pude realizar por culpa de un catarro tocajones muy molesto.Tras haberme recuperado bien y después de entrenar a conciencia durante toda la semana, se presentaba la primera gran cita de la temporada: La Mitja Marató de Tarragona. Para mí era algo diferente, ya que en las dos últimas ediciones había participado en la modalidad de 10k, siendo, junto a Salou, una de las carreras que más he disfrutado anteriormente y tenía ganas de debutar en la media distancia aquí con un buen sabor de boca.

Las ganas que tenía eran enormes y la motivación mayor aún. Tenía dudas sobre cómo iba a ir, ya que los últimos 21km que corrí fueron en marzo en la Mitja de Cambrils, y para entonces el crono fue mucho mejor que las sensaciones. Aún así, si le añadimos las ganas de estrenar EQUIPO USK TEAM (sí, con mayúsculas, de los que te contagian las ganas de competir, las ganas sufrir y las ganas de compartir, pero sobretodo las ganas de disfrutar, donde cada uno se siente especial. No un equipo de los que tiene cientos de miembros, pero sí un GRAN EQUIPO), las ansias por que llegara el domingo eran incalculables.

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El día transcurrió como un día normal de carrera. Me levanté a las 7 para desayunar con tiempo de digerirlo todo y salir sin la sensación de pesadez que en alguna ocasión he sufrido y que tan desagradable se hace. A las 9 en punto estaba ya con el coche aparcado y habíamos quedado el equipo para repartir las camisetas a los que todavía no la tenían y hacer la primera foto oficial. Allí conocí a Carles y Francesca, que casualmente también estuvieron en Balaguer pero debido al tiempo que tardé para terminar la prueba no pude llegar a conocer porque se habían tenido que ir (ya era tarde de verdad…).

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Ya hace dos semanas desde que (disculpadme el spoiler) crucé la meta en Balaguer. Y todavía hoy me sigo asombrando de mi mismo. No me refiero a un asombro prepotente, y pronto veréis que efectivamente no es así, si no a un asombro real, de cuando algo inexplicable e inesperado se presenta ante ti y sin saber por qué te aferras a ello sin encontrar motivo alguno.

Hace dos semanas aprendí mucho, no sólo deportivamente hablando. Pero para que me comprendáis, os empezaré a contar todo lo que pasó.

El sábado 29 de agosto me levanté por la mañana, no muy temprano dado que la prueba era vespertina, y junto con mi familia me puse rumbo a Balaguer. Hacia las 11:45 llegábamos y me encontraba con Ruben, que también participó en el Half. Una vez recogimos dorsales y gorros de natación, nos dirigimos a la salida de la prueba, en un lago situado a unos 10 km de Balaguer. Era la primera vez que competía con las dos transiciones separadas, y era algo que me ponía un poco nervioso. Sin embargo poco duraron los nervios teniendo a Ruben al lado despejando toda duda que tenía. Tras parar para comer, nos dirigimos a montar la primera transición, a falta, más o menos, de una hora para la salida. En ese momento me di cuenta de que no me habían dado el chip, y no tuve más remedio que volver a Balaguer a buscarlo, con lo que perdí prácticamente media hora. El tiempo suficiente para llegar, ponerme el neopreno y meterme en el agua. Nunca antes había nadado en agua dulce, y la sensación fue más bien rara. Echaba incluso de menos el sabor salado del agua del mar. A pesar de ello, me encontré cómodo rápidamente y a los pocos minutos se dio la salida del Half de Balaguer.

Comencé intentando seguir los pies de Ruben, que poco a poco y sumando los participantes que no hacían el nado algo cómodo fui perdiendo. El circuito constaba de dos vueltas a un rectángulo. Al principio me pareció que aquello era muy largo, pero a medida que iba dando brazadas, la sensación era de que iba bien, rápido y los metros pasaban a buen ritmo. Intenté colocarme tras otros pies que encontré y a cosa no fue mal. Al final salí del agua en unos 42 minutos, bastante más de lo que me habría gustado, pero dada la gente que tenía todavía por detrás y lo duro que venía por delante, no me desesperé, sabía que aquel día iba a ser largo. Me quité el neopreno, y sin demasiada prisa me preparé para salir en bicicleta.

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Sabía que el sector ciclista iba a ser duro, me lo habían comentado e iba mentalmente preparado para sufrir, pero creo que las previsiones no fueron suficientes. Me lo tomé como un paseo de 90 km, no podía sobrepasar los límites y acabar pagándolo después en la carrera a pie. Así que rodando bien en los llanos y con el molinillo en las pendientes, fui perdiendo posiciones sin importarme demasiado con la cabeza pensando en las grandes subidas que me esperaban. Poco a poco, me atrevería a decir que demasiado poco a poco, los km fueron pasando y cada vez me acercaba más a la mitad del circuito, iba tomando los geles y barritas correspondientes, y no me adelantaban muchos participantes (tal vez no quedaran muchos ya tras de mi). Tras subir y bajar dos veces el Port d’Àger me encontré con Ruben, a lo que me extrañé por verlo tan atrás. Al parecer él llevaba 20 km más que yo, y es que un poco más adelante se desviaba la carretera para hacer una vuelta de 20 km. Tras desearle ánimos de cara al final de carrera y perderlo de vista empezó el verdadero sufrimiento. El sol estaba cada vez más bajo, la sombra cubría lo que hacía unas horas estaba bañado por la luz del sol, y todavía me esperaban algunas rampas imposibles. Me costó mucho no subir excesivamente las pulsaciones y mantenerlas dentro del rango objetivo. Así que casi sin ver a ningún otro corredor, y con el sol casi a punto de desaparecer llegué a la T2, solté la bicicleta y casi 4 horas y media después, volví a poner los pies en el suelo.

La segunda transición fue dura, no me sentía muy bien físicamente. El cansancio estaba dejando sus mensajes y no tenía ninguna idea de cómo iban a reaccionas las piernas y la mente a los 21 km de carrera a pie que restaban por delante. Tenía la esperanza de que la historia cambiase un poco, de sentirme cómodo corriendo, y de ser capaz de encontrar un ritmo que me permitiera cubrir la distancia en 2 horas o algo menos. Pero nada más lejos de la realidad. Salí de boxes con ganas, ilusionado, e intentando controlar el ritmo que él sólo pretendía ser demasiado rápido. Aguanté bien cerca de 2 km, a un ritmo que me sorprendió. Pero a partir de entonces y hasta el 5-6 las piernas dijeron basta y las cosas se ponían feas. Los segundos se iban sumando a mi ritmo actual, y me parecía demasiado pronto para ello, todavía faltaba mucho y de ser así como tenía que sobrellevar lo que quedaba de carrera lo iba a pasar mal.

Como cabía esperar la cosa no fue a mejor, a los pocos km entré de lleno en los 6 minutos/km y la necesidad de parar a andar durante unos metros se agigantaba. Una vez pasada la primera vuelta, y ya prácticamente de noche, se hundió lo único que faltaba por hundirse. La cabeza. Todavía faltaban algo más de 2, y se hacían muy largas, en la mente cada vuelta representaba un sobreesfuerzo monumental, inalcanzable, y fue entonces cuando me puse a negociar. Llevaba ya más de 6 horas de carrera, había llegado hasta allí, pero si en ese preciso momento me rendía, si en ese preciso momento decía basta, esas 6 horas no habrían servido para nada. Es más, en lugar de quedar el resultado neutro, hubiera acabado debiendo. Era consciente de que Balaguer me estaba a punto de ganar, no estaba preparado para todo aquello, y si abandonaba iba a significar una gran espina que se quedaría clavada. Una espina que debería volver para quitarme. Y no estaba dispuesto a volver a ese infierno, después de todo lo que había sufrido ya sólo faltaba correr un poco más y terminar, como fuera, pero terminar. Y así fue, poco a poco, fueron pasando las vueltas, me iba quedando sólo, y la noche era cada vez más y más oscura.

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Finalmente, y tras 7:42h de sufrimiento extremo logré llegar a meta, en penúltima posición. Jamás una posición tan mala había tenido un sabor tan bueno. El último llegó apenas 20 segundos más tarde. Pero los que no llegaron… Esos fueron muchos. Exactamente 43 participantes de 226 que tomamos la salida, fueron los que abandonaron. No fueron capaces, por los motivos que fueran, de llegar a meta, y yo lo había conseguido.

Todavía hoy hay gente que pregunta qué sacamos de todo esto los participantes que sufrimos de esta manera para llegar los últimos. Hay gente que no lo entiende, es incapaz de comprender como cruzamos el arco de meta con una sonrisa en la cara, llena de felicidad. Y lo más sorprendente es que todavía hoy, hay gente a la que escuchar que todo esto es por superación personal y orgullo propio se queden perplejos, como pensando: pues vaya recompensa tan insignificante. Personalmente no creo que haya muchas cosas en mi vida por ahora que me aporte tanta adrenalina, tanta felicidad y tanto orgullo propio que hacer esto. De vez en cuando pienso que hay gente, a la que le convendría encontrar algo así. Algo por lo que vale la pena vivir.

Después de todo, y ya tras unos días de reposo y recuperación, he cambiado mi punto de vista. Y alejando la idea de no volver jamás a Balaguer, se me empieza a acercar la de marcar Balaguer 2016 como el reto del año, la culminación de todo. Con ganas de hacer mucho mejor que hace dos semanas, y con ganas de disfrutar todavía más.