¡Hola a todos! Sé que llevo cierto retraso con las crónicas, pero ahora que he terminado mi primera parte de temporada voy a ponerme al día que ya toca.

Me quedé justo antes de la Polar, así que allá vamos.

Pongámonos en situación. Polar Gran fondo La Mussara, en mi caso hice el medio fondo (97km con +2200m de desnivel).

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El sábado por la tarde había quedado con David, Rubén, Joanra y Quini para ir a recoger el dorsal en la Expo. Cuando llegué yo, todos excepto Rubén ya tenían el dorsal y estaban a punto de irse, así que me quedé a esperar a Rubén, recogió su dorsal y quedamos para el día siguiente.

Costó levantarse, el fin de semana se había vuelto ligeramente ventoso y tenía un cierto temor a que ensuciara la carrera. Las sensaciones de l’Ametlla no habían sido las que quería, y la moral estaba un poco tocada. Aún así me puse en marcha para llegar a la salida, donde habíamos quedado todos.

Como suele pasarnos, no conseguimos juntarnos todos, así que la foto de primera hora nos la hicimos Juande, Rubén y yo. Todavía faltaban casi 30 minutos para la salida de la Gran Fondo, y Rubén fue a colocarse en su cajón de salida. Juande y yo nos fuimos hacia los nuestros de la medio fondo.

En ese momento empezó mi particular carrera. La tónica de lo que iba a ser ese día empezaba a asomar, pues al llegar al cajón e intentar bajar, no pude desenganchar la cala derecha y me fui directo al suelo (o mejor dicho, encima de otro participante que había allí).

Pasados unos minutos llegó Carlos y David, aunque a éste último no lo vi porque se fue directo a su cajón. Carlos y yo salimos desde el mismo así que estuvimos allí durante casi 45 minutos hasta que nos dejaron salir.

Ya me había olvidado de la pequeña caída, y la motivación era muy grande en ese momento, así que me coloqué detrás de Carlos para no perderle de vista.

Salimos pegados a las vayas de la izquierda. Di pedales tres veces y no me lo podía creer… Volvía a estar en el suelo. Una de las telas publicitarias de las vayas laterales se había levantado con el viento y se me enganchó en la rueda delantera, haciéndome caer de nuevo. Esta vez las consecuencias fueron algo peores. Me di con el costado en el suelo y al levantarme y volver a sentarme en la silla noté que mi lado izquierdo me dolía bastante. Intenté no pensar demasiado en eso y fui a encontrar a Carlos.

Cuando lo encontré y le expliqué lo sucedido no pudo evitar reírse. Normal jaja.

Superado ya el momento, empezamos a buscar grupos para que nos llevaran hasta el inicio de La Mussara. La situación en la que habíamos salido no nos benefició en absoluto, había poca gente y los grupos no eran muy cuantiosos. Además, el viento de cara hacía que el trayecto de 15km que teníamos que hacer hasta Vilaplana nos desgastara más de la cuenta.

Para entonces ya había notado que ese no iba a ser mi día. No sé si fue mental o físico, pero mi estado era peor que el del año pasado. Recuerdo que en 2015 en las subidas podía aguantar un muy buen ritmo, adelantando participantes continuamente y esta vez no fue así. A los 2 km de subida llegó David por detrás y justo después alcanzamos a Juande, que debido al aire y al asma lo estaba pasando bastante mal para subir. Iba a su ritmo, y era lo mejor que podía hacer hasta llegar arriba para intentar encontrarse a si mismo de nuevo. Más adelante David nos dejó atrás y empezó a tirar. Carlos y yo seguíamos a un ritmo constante, restando km para llegar arriba.

Poco a poco fuimos pedaleando hasta alcanzar el final de la cronoescalada. Allí vimos a David que no estaba esperando y decidimos seguir los tres. A 500 metros encontramos el primer avituallamiento y decidimos parar a reponer un poco. Personalmente tenía de todo así que esperé alejado a que terminaran. El avituallamiento estaba situado justo después de una bajada y justo antes de una pequeña subida, así que al llegar dejé puesto el plato grande y el piñón pequeño. Al intentar reanudar la marcha, puse las dos calas en los pedales como pude, pero me fue imposible hacer la fuerza suficiente como para girar los pedales. El resultado fue este:

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Así terminó la herida que me hice en la rodilla. En ese punto ya estaba maldiciéndolo todo. Faltaban 65km y todo lo que pasaba por mi mente era negativo. Sin embargo no quería que esa fuera la primera competición en la que me retiraba y me convencí de que tenía que continuar.

También lo hice por Carlos. Sé que si no hubiese sido por mi habría ido algo más rápido y por respeto decidí que eso no ese accidente no era excusa para rendirme.

Durante los siguientes kilómetros la cabeza no me funcionaba para nada, no conseguía mantener la concentración ni encontrar el equilibrio entre o físico y lo mental. Carlos y David me habían dejado un poco atrás y los siguientes 20 km los hice prácticamente sólo. Era mayormente bajada, así que no tuve demasiados problemas. Aun así el viento no lo ponía muy fácil.

Llevabábamos 2h24′ de carrera cuando llegué al avituallamiento de Capafons, donde me reencontré con Carlos y David. Estuvimos allí unos minutos, y durante ese tiempo pude ver a Juande que pasaba sin pararse, bastante repuesto de como lo habíamos visto subiendo La Mussara. Poco después reemprendimos la carrera nosotros tres. Yo tomé la delantera e intenté forzar un poco las piernas, sabía que podía hacer aquello mucho mejor y quería encontrar el punto. Durante el siguiente puerto adelanté a bastante gente, encontré un ritmo que me iba genial y llegué hasta arriba sin ningún problema. Durante la miniescalada David me adelantó y siguió hacia adelante, mientras que Carlos me alcanzó un poco más tarde y ya se quedó conmigo hasta el final. Llegamos hasta arriba y a partir de allí intentamos llanear lo más rápido posible. Íbamos recuperando bastante tiempo, la media de velocidad iba poco a poco subiendo, pero el crono era muy negativo y sería difícil recuperarlo todo. Carlos es realmente bueno bajando, y seguirle el ritmo me costó lo suyo. Confié al máximo en mi bicicleta y apurando las frenadas en las curvas y saliendo rápido conseguí mantenerme en su estela.

Sin embargo poco a poco se iba distanciando y llegó un punto en el que ya no le veía. Una ambulancia escondida en una curva de 180º nos hizo recordar que una caída a esas velocidades podía ser bastante grave, así que decidí no seguir forzando en exceso y empecé a bajar rápido pero sin peligros.

El descenso del Coll d’Alforja lo pude hacer realmente fácil, adelanté a varios participantes más y al llegar a Alforja me reencontré con Carlos. Las bajadas me habían puesto las pilas y el reloj me decía que iba a ir muy justo para superar el tiempo del año pasado.

A partir de ese punto empezamos a darnos relevos para bajar lo más rápido posible. Fuimos realmente rápidos. En los últimos 20 km de circuito conseguimos hacer una media de 41,6 km/h, lo que dejó claro que las fuerzas estaban allí.

Finalmente, y ya sabiendo que sería imposible mejorar el tiempo del año pasado cruzamos la meta en 4h01′ (exactamente el mismo que la edición anterior)image1

Terminé muy contento por el hecho de terminar. Quería que eso se acabara cuanto antes. Quería bajarme de la bici de una vez por todas. Al acabar y conocer el tiempo empleado me sentí mal, pues no había conseguido mejorar respecto al año pasado.

A pesar de ello, una vez comido y descansado he de reconocer que la carrera no fue tan mal como me pensaba. Teniendo en cuenta las caídas y las malas sensaciones que había tenido durante gran parte de la carrera, igualar el tiempo del año pasado no había sido tan mal resultado. Vale la pena recordar que el año pasado las sensaciones fueron totalmente opuestas. Así que para el año que viene lo tengo claro, toca entrenar más y mejor.

Aunque bien pensado… si todo va según lo previsto.. estaré ya entrenando más y mejor para un objetivo bastante mayor. Pero de eso ya hablaremos en otro momento.

¡Me pongo YA a escribir la crónica del Challenge Salou 2016!